Colombia

Derrumbe en mina artesanal de Nariño deja 13 muertos y reabre el debate sobre la minería informal

Hace 3 horas

Un derrumbe en una mina artesanal de oro en Policarpa, Nariño, dejó al menos 13 muertos y siete heridos, en una emergencia que movilizó a bomberos de varios municipios. La tragedia vuelve a exponer los riesgos mortales de la minería informal en el suroccidente colombiano.

Al menos 13 personas murieron y otras siete resultaron heridas tras el colapso de un talud en una mina artesanal de oro en el municipio de Policarpa, Nariño, una tragedia que volvió a golpear de frente a una de las actividades más peligrosas y precarias del país. La emergencia obligó a una respuesta inmediata de los Cuerpos de Bomberos Voluntarios de Policarpa, Pasto y El Tambo, que acudieron al sitio para atender la situación y apoyar las labores de rescate, según informó El Tiempo (Colombia).

La magnitud del accidente da cuenta de la fragilidad en la que opera buena parte de la minería artesanal en regiones apartadas del suroccidente colombiano, donde la combinación de informalidad, ausencia de controles técnicos y presión económica convierte cada jornada de trabajo en una ruleta. Aunque aún no se conocen públicamente todos los detalles sobre las causas del deslizamiento, el saldo humano confirma que el talud cedió con fuerza suficiente para sepultar a varios trabajadores, dejando un escenario de búsqueda, auxilio y dolor en una zona que conoce bien este tipo de emergencias.

Lo ocurrido en Policarpa no es un hecho aislado ni un simple accidente minero: es el retrato de un problema estructural que Colombia no ha logrado resolver. En departamentos como Nariño, donde la pobreza, la falta de empleo formal y la presencia de economías ilegales empujan a muchas familias hacia la minería artesanal, la actividad suele desarrollarse sin condiciones mínimas de seguridad. Eso significa túneles inestables, equipos insuficientes y trabajo en terrenos vulnerables al colapso. Por eso importa lo de Policarpa: porque cada derrumbe revela la distancia entre la rentabilidad del oro y el costo humano que termina pagando la gente más pobre, casi siempre lejos de los centros de poder y de la atención pública.

La tragedia también pone presión sobre las autoridades locales y nacionales, que una vez más quedan frente a la tarea de responder a la emergencia inmediata y, al mismo tiempo, enfrentar la raíz del problema. No basta con recuperar cuerpos o atender heridos; el país sigue debatiéndose entre formalizar, controlar o reemplazar una minería que, mientras permanezca en la sombra, seguirá cobrando vidas. En Policarpa, el oro volvió a salir demasiado caro.

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