Trump mueve fichas en la ONU y empuja a Infantino para suceder a Guterres

Imagen: clarin colombia
Donald Trump quiere empujar al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, como próximo secretario general de la ONU, una jugada que reconfigura la disputa por el cargo que dejará Antonio Guterres a fin de año. La movida también asoma en medio de tensiones con otras candidaturas, incluida la de la ex presidenta chilena Michelle Bachelet.
La carrera por el liderazgo de Naciones Unidas acaba de sumar un actor inesperado: Donald Trump. Según informó Clarín Colombia, el expresidente estadounidense pretende promover al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, como secretario general de la ONU, una apuesta que desplazaría otras opciones que venían tomando forma, entre ellas la del argentino Rafael Grossi. El movimiento no es menor: apunta a una de las posiciones diplomáticas más sensibles del sistema multilateral, en momentos en que la organización enfrenta presiones crecientes y una pérdida sostenida de influencia global.
De acuerdo con la información publicada, el próximo secretario general será elegido este año para reemplazar a António Guterres, cuyo mandato termina a fines de diciembre. En ese tablero también aparece la expresidenta de Chile Michelle Bachelet, aunque su eventual candidatura podría encontrar resistencia en Estados Unidos. Ese dato revela algo más profundo que una simple pulseada de nombres: la ONU vuelve a quedar atrapada entre equilibrios regionales, vetos informales y el peso decisivo de Washington, que históricamente ha incidido en la arquitectura de poder del organismo, aunque no siempre de manera abierta.
La eventual promoción de Infantino abre interrogantes de fondo. El dirigente suizo no proviene del mundo diplomático clásico, pero sí es una figura con exposición global y capacidad de negociación en entornos políticos complejos, algo que Trump parece valorar. Sin embargo, llevar a la ONU a un perfil asociado al deporte y a los grandes negocios internacionales sería una señal de ruptura con la tradición de la Secretaría General, donde suele privilegiarse la trayectoria multilateral, la experiencia en política exterior y la capacidad de mediar entre bloques enfrentados. En un contexto de guerras, crisis humanitarias y fracturas geopolíticas, la pregunta no es solo quién ocupa el cargo, sino qué tipo de liderazgo quiere proyectar el sistema internacional.
Para América Latina, la discusión tiene una lectura particular. La presencia de Grossi y Bachelet en la baraja confirma que la región sigue aspirando a posiciones de peso en la diplomacia global, aunque choca con la realpolitik de las potencias. Si Trump logra instalar a Infantino como opción viable, no solo cambiaría el mapa de la elección, sino también el mensaje político: la ONU podría terminar más condicionada por alianzas circunstanciales que por una búsqueda de consenso multilateral. Y eso, en tiempos de desconfianza institucional, importa mucho más allá de Nueva York.




