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Trump respalda a Infantino y presiona a la FIFA para que no lo aparte

Hace 1 hora

Donald Trump salió en defensa de Gianni Infantino y advirtió que la FIFA cometería un “error terrible” si lo aparta de la presidencia. El mensaje refuerza la sintonía política entre el mandatario estadounidense y el jefe del fútbol mundial a menos de un año del Mundial 2026.

Donald Trump se metió de lleno en la interna de la FIFA y respaldó públicamente a Gianni Infantino, a quien considera una pieza clave para el éxito del Mundial de 2026. El presidente de Estados Unidos aseguró que el dirigente ítalo-suizo acaba de conducir la Copa del Mundo “más exitosa”, en una referencia directa al torneo que organizarán Estados Unidos, México y Canadá, y advirtió que sustituirlo sería un “terrible error” para el organismo rector del fútbol.

El mensaje no es menor. Trump no solo elogió a Infantino, sino que vinculó su permanencia en el cargo con la rentabilidad y el alcance global del torneo. Según su planteamiento, si la FIFA lo reemplaza, la competición perdería una fórmula que, en su visión, no volvería a repetirse con el mismo nivel de éxito económico ni de impacto internacional. La declaración llega en un momento en que la organización busca proyectar estabilidad de cara al certamen de 2026, el primero con 48 selecciones y con sede compartida en Norteamérica.

Más allá del gesto político, el respaldo de Trump revela hasta qué punto el Mundial se ha convertido en una vitrina de poder, negocios e influencia. Infantino ha cultivado durante años una relación cercana con líderes políticos y empresarios, y en Estados Unidos esa alianza adquiere una dimensión especial: el torneo moverá miles de millones de dólares, presionará la infraestructura de varias ciudades y pondrá a prueba la capacidad logística de un país que ya vive tensiones por migración, seguridad y costos de organización. Para la FIFA, mantener una interlocución sólida con la Casa Blanca puede ser tan importante como asegurar estadios llenos; para Trump, el evento también es una oportunidad de exhibir capacidad de gestión ante el electorado.

La defensa pública del presidente estadounidense también deja en evidencia un hecho incómodo para la FIFA: el fútbol de élite ya no se decide solo en la cancha ni en los despachos de Zúrich, sino en la intersección entre política, dinero y espectáculo. Si Infantino sigue al frente, tendrá a su favor el apoyo de uno de los mandatarios más influyentes del planeta. Si eventualmente sale, el organismo deberá demostrar que su legado no depende únicamente de una figura, sino de una estructura capaz de sostener el mayor torneo del mundo sin el amparo de un liderazgo personalista. En tiempos en que cada gran evento deportivo se mide también por su rentabilidad y su proyección geopolítica, ese debate pesa tanto como el fútbol mismo.

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