Trump desprecia el TMEC y eleva la tensión en la revisión del pacto norteamericano

Imagen: El País
Donald Trump volvió a restarle importancia al TMEC en medio de su revisión, asegurando que el acuerdo beneficia sobre todo a México y Canadá, no a Estados Unidos. Sus declaraciones tensan unas negociaciones que ya venían marcadas por la presión proteccionista en Washington.
Donald Trump volvió a poner en duda el valor del TMEC justo cuando Estados Unidos entra en una etapa decisiva de revisión del acuerdo con México y Canadá. En una declaración que reaviva la incertidumbre sobre el futuro del pacto comercial más importante de Norteamérica, el presidente estadounidense despreció su impacto para la economía de su país y sostuvo que el tratado es más relevante para sus socios que para Washington.
El comentario no es menor. El TMEC —que sustituyó al viejo Nafta en 2020— regula buena parte del comercio continental y sostiene cadenas de suministro que van desde la industria automotriz hasta el agro y la manufactura ligera. Según informó El País, Trump minimizó el beneficio del acuerdo para Estados Unidos en un momento en que su gobierno enfrenta el reto de negociar ajustes sin desestabilizar un intercambio que mueve cientos de miles de millones de dólares al año. Para México y Canadá, la lectura es clara: cualquier señal de desprecio desde la Casa Blanca puede anticipar una negociación dura, con exigencias más agresivas en reglas de origen, contenido nacional y barreras comerciales.
La frase de Trump encaja con una visión que ya ha marcado su política económica desde hace años: la idea de que los acuerdos multilaterales han sido una mala negociación para Estados Unidos y que el país debe recuperar margen de maniobra a través de aranceles, presión bilateral y un discurso abiertamente proteccionista. Esa postura, que en la práctica suele traducirse en mayor volatilidad para los mercados y en más costos para empresas y consumidores, es especialmente sensible ahora porque el TMEC no es un acuerdo abstracto sino una pieza central de la vida económica en la región. Cualquier choque en su revisión puede afectar precios, empleo y abastecimiento en sectores que dependen de cruces fronterizos diarios. En otras palabras, lo que se discute en Washington termina impactando desde las plantas automotrices de Michigan hasta los agricultores mexicanos y los exportadores canadienses.
Más allá del gesto político, el mensaje de Trump parece dirigido a su base interna: reafirmar que su prioridad es Estados Unidos primero, incluso si eso implica erosionar uno de los pilares del comercio norteamericano. El problema es que una renegociación bajo esa lógica no solo presiona a México y Canadá; también puede golpear a empresas estadounidenses que dependen de integración regional para mantener costos bajos y competir con Asia y Europa. En ese choque entre retórica nacionalista y realidad económica se jugará buena parte del futuro del TMEC, y también la estabilidad comercial de una región que lleva décadas entre la cooperación y la desconfianza.




