Trump señala a México como centro del narco y tensa el pulso con la ONU
Imagen: infobae
Donald Trump usó su discurso ante la ONU para señalar a México como el “epicentro” del narcotráfico en el hemisferio y endurecer su retórica contra los cárteles. Al mismo tiempo, aseguró mantener una “muy buena relación” con Claudia Sheinbaum, en una intervención marcada por tensiones diplomáticas y el retiro de la delegación cubana.
Donald Trump convirtió su paso por la Asamblea General de la ONU en una nueva plataforma para endurecer su ofensiva política contra el narcotráfico en América Latina. Desde Nueva York, el presidente de Estados Unidos calificó a México como el “epicentro” de la crisis de drogas en el hemisferio y comparó a los cárteles con una fuerza paramilitar de alcance regional, una analogía que eleva todavía más el tono de una narrativa que Washington viene usando para justificar presión fronteriza, acciones de seguridad y una agenda más agresiva hacia sus vecinos del sur. Aun así, en medio de esa arremetida, Trump dijo conservar una “muy buena relación” con la presidenta Claudia Sheinbaum, una fórmula que busca mantener abierta la interlocución mientras sube la temperatura política.
De acuerdo con lo informado por infobae, el mandatario estadounidense reforzó su mensaje con ataques directos a Cuba, lo que provocó que la delegación de ese país abandonara la sala durante su intervención. También reiteró sus críticas a embarcaciones civiles, insistiendo en una línea de confrontación que mezcla seguridad, geopolítica y propaganda interna. El contraste es evidente: por un lado, Trump adopta un discurso de guerra contra los cárteles y amplía el campo del enemigo; por el otro, intenta preservar canales con el gobierno mexicano, consciente de que cualquier choque frontal con México tendría costos inmediatos en comercio, migración, cooperación fronteriza y suministro de bienes que atraviesan diariamente la frontera más transitada del mundo.
El fondo del asunto es más complejo que una simple acusación lanzada desde un podio internacional. México carga desde hace décadas con una violencia alimentada por el poder económico de las redes criminales, la debilidad institucional en varias regiones y la demanda sostenida de drogas en Estados Unidos. Trump explota ese diagnóstico, pero lo traduce en una narrativa de presión externa que sirve tanto para su base política como para justificar decisiones de seguridad con eco en la campaña permanente de Washington contra la inmigración irregular y el tráfico de fentanilo. Para Colombia y otros países de la región, el mensaje también importa: cuando la Casa Blanca eleva el narco a la categoría de amenaza hemisférica, abre la puerta a más cooperación forzada, más condicionamientos y una lectura militarizada del problema que suele dejar en segundo plano las causas sociales y económicas del negocio ilícito.
Lo que ocurrió en la ONU deja una señal clara: Trump quiere presentarse como el líder dispuesto a enfrentar sin matices a los cárteles, pero al mismo tiempo mide cada palabra para no romper del todo con gobiernos clave. Esa combinación de dureza retórica y pragmatismo diplomático puede marcar la relación con México en los próximos meses, especialmente si la seguridad fronteriza, el tráfico de fentanilo y las tensiones comerciales vuelven a cruzarse en la agenda bilateral. En la práctica, el desafío no es solo para Sheinbaum: también lo es para millones de personas en ambos lados de la frontera que viven las consecuencias de una política antidrogas que, hasta ahora, ha producido más presión que soluciones de fondo.



