Estados Unidos

Trump convierte el Mundial en un escenario político y pone a prueba a la FIFA

Hace 11 horas
Trump convierte el Mundial en un escenario político y pone a prueba a la FIFA

Imagen: El País

Donald Trump ha convertido el Mundial en una vitrina de poder político mientras agita tensiones con Canadá, Europa e Irán. Su cercanía con Gianni Infantino reaviva dudas sobre la neutralidad de la FIFA justo cuando el torneo depende de decisiones diplomáticas delicadas.

Donald Trump no solo quiere capitalizar el Mundial: está buscando convertirlo en una extensión de su agenda política exterior. En plena celebración del torneo, el presidente estadounidense ha mezclado la fiesta del fútbol con mensajes de confrontación hacia Canadá, advertencias a sus socios europeos y un gesto de dureza frente a Irán, una combinación que vuelve a poner bajo sospecha la pretendida neutralidad de la FIFA. La imagen de camaradería con Gianni Infantino, presidente del máximo organismo del fútbol, alimenta una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto el Mundial sigue siendo un evento deportivo y no una plataforma de poder?

Según informó El País, el episodio más llamativo no es solo el lenguaje político que rodea al torneo, sino la forma en que Trump lo utiliza como escenario para proyectar autoridad. La referencia a Irán y la “tarjeta roja” simbólica a Balogun, en medio de un clima internacional cada vez más tenso, deja ver que el fútbol sirve aquí como lenguaje político y como espectáculo. No es casual que estas señales se produzcan mientras Washington presiona a Canadá y mantiene roces con aliados europeos; la Copa del Mundo ofrece una audiencia global para un mandatario acostumbrado a convertir cada aparición pública en un acto de confrontación y control del relato.

Lo que está en juego va más allá de una polémica momentánea. La FIFA ha insistido durante años en que el fútbol debe mantenerse al margen de la política, pero la realidad siempre ha sido más compleja: los mundiales dependen de negociaciones diplomáticas, intereses comerciales y decisiones de seguridad que involucran a gobiernos. La cercanía visible entre Trump e Infantino no solo incomoda por la foto; también reaviva el debate sobre si el organismo rector del fútbol mundial puede actuar con independencia cuando su torneo más importante queda atrapado entre campañas de poder, presiones geopolíticas y el uso del deporte como instrumento de legitimación. Para millones de aficionados en Estados Unidos, Canadá, Europa y Medio Oriente, esto importa porque el Mundial no ocurre en el vacío: el modo en que se administra define quién queda dentro, quién queda fuera y qué valores dice representar el fútbol.

El riesgo para la FIFA es evidente: si permite que el torneo se lea como una extensión de la política exterior estadounidense, su credibilidad quedará golpeada en un momento en que el deporte necesita precisamente lo contrario, confianza y reglas claras. Y para Trump, el beneficio también es claro: cada gesto en torno al Mundial refuerza su narrativa de liderazgo, incluso cuando el trasfondo es una agenda internacional marcada por la amenaza y la polarización. En ese cruce entre espectáculo deportivo y cálculo político, el fútbol vuelve a mostrar que nunca está completamente a salvo del poder.

Noticias relacionadas