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Trump augura el colapso del régimen cubano y endurece su ofensiva política

Hace 6 horas

Donald Trump volvió a colocar a Cuba en el centro del discurso internacional al vaticinar ante la ONU que el régimen de la isla está en su peor momento. El presidente estadounidense afirmó que La Habana enfrenta una presión inédita y que el sistema cubano terminará cayendo.

Donald Trump elevó el tono contra el gobierno cubano durante su intervención ante la Asamblea General de la ONU, al describir a la isla como un Estado en ruinas y al sostener que la dictadura comunista atraviesa la presión más fuerte de su historia reciente. Su mensaje no fue una frase al paso: fue una señal política dirigida tanto a La Habana como a sus aliados, en un momento en que Washington busca endurecer el cerco diplomático sobre regímenes adversarios en el hemisferio.

Según informó Infobae Mundo, el mandatario estadounidense aseguró que el régimen cubano “está bajo la mayor presión que jamás haya tenido” y proyectó que su caída es solo cuestión de tiempo. La afirmación llega en un contexto de deterioro económico profundo en la isla, con escasez crónica de alimentos, medicinas, combustible y una migración masiva que ha vaciado barrios enteros y tensionado a países receptores, desde Estados Unidos hasta naciones de América Latina. Aunque Trump no detalló nuevas medidas en este pasaje de su discurso, su mensaje se inscribe en una línea dura que convierte a Cuba en un símbolo del enfrentamiento ideológico que todavía marca la política exterior estadounidense.

Lo relevante no es solo el pronóstico sobre el futuro del régimen, sino el momento en que lo hace y el escenario en que lo dice: la tribuna de la ONU, donde cada palabra se lee también como una advertencia geopolítica. Cuba lleva años atrapada entre sanciones, crisis interna y una estructura estatal incapaz de ofrecer respuestas sostenidas a la población. En ese tablero, la presión externa ha funcionado históricamente como combustible político para el gobierno cubano, que suele usarla para justificar el colapso interno y cerrar filas. Pero la situación actual parece distinta por una razón básica: el desgaste social ya no se explica únicamente por el embargo ni por la confrontación con Washington, sino por el agotamiento de un modelo económico que no logra sostener ni la vida cotidiana ni la legitimidad del poder.

Para Estados Unidos, el discurso de Trump también tiene lectura interna. Cuba sigue siendo un tema sensible para el electorado latino, especialmente en Florida, donde la narrativa contra el castrismo conserva un peso decisivo. Pero más allá del cálculo electoral, el mensaje apunta a reposicionar a Washington como actor que no solo condena al régimen, sino que anticipa su final. En la práctica, esa apuesta puede endurecer aún más el pulso bilateral y dejar a la población cubana atrapada entre sanciones, propaganda y una crisis que no ofrece salida clara. El gran interrogante no es si el sistema cubano está debilitado, sino qué ocurrirá con una sociedad agotada si el poder comienza a resquebrajarse de verdad.

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