Trump y Netanyahu apostaron alto contra Irán y ahora enfrentan un incendio regional

Imagen: BBC Mundo
Donald Trump y Benjamín Netanyahu apostaron por redibujar el mapa de Medio Oriente con presión militar sobre Irán, pero el cálculo les salió mal. Según Jeremy Bowen, editor internacional de BBC News, ahora el riesgo no es una victoria clara, sino una crisis sin salida.
La jugada de Donald Trump y Benjamín Netanyahu para reordenar Medio Oriente terminó revelando su mayor debilidad: subestimaron el costo de empujar a Irán a una confrontación abierta. Esa es la lectura que hace Jeremy Bowen, editor internacional de BBC News, quien sostiene que ambos líderes calcularon mal la guerra y hoy enfrentan un escenario mucho más peligroso que una simple demostración de fuerza: una crisis que puede volverse permanente y que ya escapa del control político de Washington y Jerusalén.
De acuerdo con el análisis de Bowen, la idea de fondo era clara: usar la presión militar y estratégica para obligar a Teherán a ceder, debilitar su capacidad de respuesta y, de paso, reconfigurar el equilibrio regional a favor de Estados Unidos e إسرائيل. Pero en guerras de este tipo, el efecto dominó suele imponerse sobre los planes de campaña. Cuando Irán responde, no solo lo hace con su propio arsenal, sino activando redes de aliados, milicias y canales de influencia en varios frentes del Medio Oriente. Eso convierte un golpe puntual en una secuencia de represalias, amenazas y riesgos cruzados que pueden extenderse mucho más allá del terreno original del conflicto.
El problema de fondo es que tanto Trump como Netanyahu parecen haber actuado bajo una lógica de costo-beneficio demasiado optimista: la idea de que una ofensiva dura enviaría un mensaje de disuasión y cerraría la discusión en torno a la seguridad regional. Pero la historia reciente de la región demuestra lo contrario. Cada intento de imponer una victoria rápida sobre actores como Irán suele abrir una etapa más larga de inestabilidad, con consecuencias para los mercados energéticos, las rutas comerciales, la seguridad de tropas estadounidenses y la vida cotidiana de millones de civiles en países que ni siquiera participaron directamente en la decisión inicial. Para la población de a pie, eso se traduce en más incertidumbre, mayor presión económica y un horizonte diplomático cada vez más estrecho.
Lo más inquietante es que esta clase de apuestas no suele terminar con un ganador claro. Si no aparece una vía política que contenga la escalada, el conflicto puede quedar instalado como una especie de guerra de baja intensidad, intermitente pero constante, con impactos regionales duraderos. Y ahí está la advertencia central que deja el análisis de BBC News: cuando los líderes creen que pueden moldear Medio Oriente a golpe de fuerza, el resultado muchas veces no es un nuevo orden, sino un desorden más profundo, más largo y mucho más difícil de desmontar.


