Ucrania golpea Moscú en plena votación rusa y Zelenski asume la ofensiva

Imagen: El País
Ucrania lanzó uno de sus mayores ataques sobre Moscú en plena jornada electoral rusa, en una ofensiva que dejó al menos dos muertos y elevó la presión sobre el Kremlin. Zelenski, en un giro poco habitual, admitió la operación y la vinculó con la necesidad de obligar a Rusia a frenar la guerra.
Ucrania golpeó este fin de semana el corazón político y simbólico de Rusia con uno de sus ataques más intensos sobre Moscú desde que comenzó la invasión, justo en el último día de las elecciones rusas. El saldo preliminar es de al menos dos muertos, según informó El País, en una demostración de que la guerra ya no se libra solo en el frente oriental sino también en la retaguardia rusa, donde el poder de Vladimir Putin busca exhibir control y normalidad.
El dato más llamativo no fue solo la ofensiva en sí, sino el mensaje político que la acompañó. Volodímir Zelenski admitió el ataque en un tono excepcionalmente explícito y lo enmarcó como una respuesta a una guerra que, según su planteamiento, Moscú se niega a detener. Al presentar la operación como parte de la presión para forzar al Kremlin a abandonar la agresión, el presidente ucraniano elevó el costo político del golpe y dejó claro que Kiev también quiere disputar la narrativa dentro de Rusia, no únicamente en el campo de batalla.
La elección del momento no parece casual. Atacar Moscú durante el cierre de unos comicios cuidadosamente administrados por el Kremlin tiene un valor estratégico evidente: descoloca el relato oficial, expone vulnerabilidades en la capital y envía una señal al electorado ruso, aunque ese electorado tenga poco margen real para alterar el resultado. En un país donde el poder de Putin se sostiene sobre la idea de estabilidad, seguridad y control, cualquier interrupción en Moscú tiene un efecto que va más allá de los daños materiales. Por eso importa: porque golpea la percepción de invulnerabilidad del régimen en el instante en que más necesitaba proyectarla.
También hay una lectura más amplia. Ucrania lleva meses intentando demostrar que puede responder con alcance y capacidad ofensiva pese a la superioridad militar rusa. Cada ataque de este tipo presiona a Moscú a desviar recursos hacia la defensa interna, alimenta el debate sobre la eficacia del aparato de seguridad ruso y complica los cálculos del Kremlin en un año políticamente sensible. Para la población civil, tanto en Rusia como en Ucrania, el mensaje es inquietante: la guerra sigue escalando y el margen para una salida negociada parece cada vez más lejano. En términos prácticos, eso significa más incertidumbre, más riesgo de represalias y una guerra que continúa expandiéndose en alcance y consecuencias.



