Terremoto de 7,4 sacude Colombia y deja al menos 48 muertos, colapsos y aeropuertos cerrados
Imagen: El País
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia dejó al menos 48 muertos y provocó el derrumbe de una veintena de infraestructuras en Cali, con personas atrapadas en su interior. La emergencia también obligó a suspender operaciones en siete aeropuertos por daños estructurales.
Colombia enfrenta una de sus peores emergencias sísmicas en años tras el terremoto de magnitud 7,4 que dejó al menos 48 personas muertas y causó daños severos en varias ciudades del país. En Cali, una veintena de infraestructuras colapsaron con personas dentro, mientras en Quibdó se reportaron heridos y en distintos puntos de la red aeroportuaria se ordenó la suspensión de actividades por afectaciones estructurales, según informó El País en su cobertura en directo.
La magnitud del desastre no solo se mide por el número de víctimas, sino por el golpe simultáneo sobre la movilidad, la atención de emergencias y la capacidad de respuesta del Estado. La caída de edificios y otras estructuras en Cali sugiere un impacto urbano considerable, con equipos de rescate trabajando contrarreloj para ubicar sobrevivientes entre los escombros. A ello se suma el cierre de siete aeropuertos, una medida que complica el traslado de ayuda, la llegada de personal especializado y la evacuación de heridos en regiones aisladas o de difícil acceso.
Este terremoto pone nuevamente sobre la mesa una discusión que Colombia arrastra desde hace décadas: la vulnerabilidad de su infraestructura frente a eventos sísmicos de gran intensidad y la desigual preparación entre regiones. En un país atravesado por fallas geológicas activas y con enormes brechas en construcción, supervisión y planeación urbana, cada temblor fuerte expone no solo la fuerza de la naturaleza, sino también los límites de la prevención. Lo ocurrido en Cali y Quibdó debería empujar una revisión seria de normas de sismo-resistencia, planes de evacuación y capacidad hospitalaria, especialmente en ciudades donde el crecimiento urbano ha ido más rápido que el control institucional.
Más allá del balance provisional de muertos y heridos, la prioridad inmediata ahora es rescatar a quienes siguen atrapados, restablecer corredores de emergencia y dimensionar el daño real en viviendas, hospitales, puentes y aeropuertos. Pero a mediano plazo el país deberá responder una pregunta incómoda: cuántas de estas tragedias eran evitables si la preparación urbana y la inversión pública hubieran estado a la altura del riesgo.




