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ONU como campo de batalla diplomático: Abbas y Netanyahu recrudecen el pulso por Gaza

Hace 1 hora
ONU como campo de batalla diplomático: Abbas y Netanyahu recrudecen el pulso por Gaza

Imagen: El País

La Asamblea General de la ONU volvió a ser escenario del conflicto palestino-israelí, con Mahmoud Abbas acusando a Israel de impulsar una limpieza étnica y Benjamín Netanyahu preparando su intervención en medio de protestas en Nueva York. El pulso diplomático se traslada así a un foro donde las palabras pesan tanto como las bombas.

La Asamblea General de la ONU volvió a convertirse en una vitrina del conflicto palestino-israelí, esta vez con una carga política particularmente alta: Mahmoud Abbas acusó a Israel de llevar adelante una estrategia de “limpieza étnica”, mientras Benjamín Netanyahu se preparaba para defender su postura ante la comunidad internacional en medio de manifestaciones convocadas fuera de la sede de Naciones Unidas en Nueva York. El cruce de discursos no es un episodio más del calendario diplomático; es la evidencia de que la guerra, la ocupación y la crisis humanitaria en Gaza ya han desbordado los cauces tradicionales de negociación y se juegan también en el terreno simbólico de la ONU.

Según informó El País, Abbas situó el conflicto en términos de un proyecto colonial cuyo objetivo sería volver inviable la vida de los palestinos, una acusación que endurece todavía más el tono de una relación ya rota por años de expansión de asentamientos, bloqueo político y violencia recurrente. Del otro lado, la presencia de Netanyahu en la Asamblea llega en un momento en que su gobierno enfrenta cuestionamientos crecientes dentro y fuera de Israel por la conducción de la guerra y por la escalada de tensiones regionales. Las protestas anunciadas en Nueva York reflejan además que el debate ya no se limita a la diplomacia clásica: también se libra en las calles, en la opinión pública internacional y en la presión que distintos sectores intentan ejercer sobre Washington y sus aliados.

Lo que ocurre en la ONU importa porque allí se cristaliza, aunque sea por unas horas, el pulso entre dos narrativas irreconciliables. Para la dirigencia palestina, el escenario internacional sigue siendo una de las pocas tribunas para denunciar la ocupación y reclamar legitimidad frente a un sistema que perciben inclinado a favor de Israel. Para el gobierno israelí, en cambio, la Asamblea funciona como una oportunidad para blindar su relato de seguridad nacional y buscar respaldo frente a críticas crecientes por el costo humano del conflicto. Pero detrás de ese intercambio hay una realidad mucho más concreta: la población civil, especialmente en Gaza y en los territorios ocupados, sigue pagando el precio más alto con desplazamiento, miedo y un horizonte político cada vez más estrecho. En Estados Unidos, además, el tema vuelve a tensionar a la Casa Blanca, al Congreso y a una sociedad dividida entre el apoyo histórico a Israel y una crítica cada vez más visible a la guerra y a la ocupación.

La escena de este año en la ONU resume una verdad incómoda: el conflicto ya no se mide solo por avances militares o por resoluciones diplomáticas, sino por la capacidad —cada vez más reducida— de evitar que la confrontación se vuelva permanente. Y si la asamblea anual debía servir para acercar posiciones, el intercambio entre Abbas y Netanyahu parece haber confirmado lo contrario: la distancia política entre ambos sigue siendo tan grande como el dolor que el conflicto acumula sobre el terreno.

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