Trump, la ONU y el mundo al borde: un foro que exhibe poder, crisis y desgaste
Imagen: El País
Trump usó la Asamblea General de la ONU para vender una imagen de triunfo y advertir a Irán con una retórica extrema, mientras líderes como Guterres y Lula alertaron sobre una crisis global más profunda. La sesión dejó en evidencia un choque entre propaganda, multilateralismo debilitado y un orden internacional en tensión.
La Asamblea General de la ONU abrió esta semana con un contraste difícil de ignorar: mientras Donald Trump se presentó ante el mundo como un presidente que “hizo realidad” la paz, en el mismo foro lanzó nuevas amenazas contra Irán y dejó claro que su política exterior seguirá marcada por la presión y el espectáculo. El mandatario estadounidense volvió a recurrir a un discurso triunfalista que choca con la evidencia sobre los conflictos abiertos, las tensiones con aliados y el desgaste de la diplomacia multilateral. En paralelo, el secretario general António Guterres pidió que la inteligencia artificial sea guiada “por la humanidad para la humanidad”, una frase que resume el tono de alarma institucional de una cumbre atravesada por la incertidumbre global.
Según informó El País, Trump aseguró que podría “aniquilar” a Irán si no se alcanza un pacto, aunque a la vez proyectó la idea de que un acuerdo sería posible después de las elecciones de noviembre. Ese doble mensaje no es menor: combina intimidación militar con cálculo electoral, una fórmula que ya ha utilizado en otros escenarios para reforzar liderazgo interno mientras endurece su postura en el exterior. La intervención llega en un momento en que Washington busca mantener influencia en Oriente Medio sin quedar atrapado en una nueva escalada, pero el tono del presidente alimenta exactamente lo contrario: más incertidumbre, más volatilidad y menos espacio para la negociación real. Trump también insistió en una narrativa de éxito personal, como si la política exterior pudiera medirse más por el efecto de un mitin que por resultados verificables.
El problema de fondo es que la ONU se ha convertido en el escenario donde se exhiben, con brutal claridad, las fracturas del sistema internacional. Lula lo dijo sin rodeos: este es el momento más crítico para Naciones Unidas. Y no le falta razón. La organización enfrenta guerras, crisis humanitarias, disputas tecnológicas y una pérdida de credibilidad que se arrastra desde hace años, pero que hoy se vuelve más visible porque las potencias prefieren el pulso unilateral a la construcción de consensos. En ese contexto, el aviso de Guterres sobre la inteligencia artificial importa tanto como las amenazas de Trump: ambos hablan de un mundo en el que el poder avanza más rápido que las reglas. Para la gente común, en Estados Unidos, en Colombia y en buena parte del planeta, esto se traduce en algo muy concreto: más riesgo de inestabilidad económica, más tensión geopolítica y menos capacidad de los gobiernos para ofrecer respuestas coordinadas ante crisis que ya no reconocen fronteras.
La jornada también dejó otra señal política: la ONU ya no solo es tribuna de Estados y diplomáticos, sino un reflejo de la batalla por el relato. Netanyahu, antes de viajar a Nueva York, amenazó a Mamdani con “decir la verdad” sobre él, reforzando la idea de que cada aparición pública se usa hoy para ajustar cuentas, marcar territorio o influir en la agenda doméstica. Ese ruido, sumado al discurso de Trump, confirma que la Asamblea General sigue siendo relevante, pero no necesariamente por su capacidad de resolver conflictos, sino por mostrar con crudeza cuán lejos está el mundo de un mínimo acuerdo sobre paz, gobernanza tecnológica y legitimidad internacional.




