Colombia

La confesión de un exjugador del DIM sobre la depresión tras dejar el fútbol

Hace 1 hora

Un entrenador con pasado en Independiente Medellín reveló que sufrió una depresión profunda tras retirarse del fútbol profesional como jugador. Según contó a Infobae Colombia, tardó dos años en salir de ese episodio, una confesión que abre el debate sobre la salud mental en el deporte.

Un entrenador con pasado en Independiente Medellín puso sobre la mesa una conversación que en el fútbol todavía se esquiva con demasiada frecuencia: la salud mental de los jugadores cuando se acaba la carrera profesional. Según informó Infobae Colombia, el técnico confesó que atravesó una depresión después de retirarse como futbolista y que necesitó dos años para salir de ese momento oscuro. Más allá del testimonio personal, lo que revela esta historia es el costo emocional que puede tener el final de una vida construida alrededor de la competencia, la disciplina y la exposición pública.

De acuerdo con la versión publicada por Infobae Colombia, el entrenador explicó que el detonante de ese bajón fue precisamente el retiro del fútbol profesional. Esa etapa, que desde afuera suele verse como un cierre natural o incluso como una meta cumplida, puede convertirse en una crisis para muchos deportistas que pasan de tener rutinas estrictas, reconocimiento y un rol definido, a enfrentar de golpe el silencio, la incertidumbre y la necesidad de reconstruirse fuera de la cancha. El caso del exjugador del DIM no es solo una anécdota biográfica: es una radiografía de lo que ocurre cuando el éxito deportivo no viene acompañado de herramientas para la vida después del retiro.

Ese es el punto de fondo que vuelve relevante su confesión. En Colombia y en buena parte de América Latina, el fútbol todavía se narra casi siempre desde los resultados, los títulos y las polémicas, pero rara vez desde el desgaste psicológico que implica sostener una carrera de alto rendimiento y luego abandonarla. Muchos futbolistas se retiran jóvenes, a veces sin preparación académica suficiente, con contratos inestables o con lesiones que aceleran el final. En ese escenario, el vacío no es únicamente económico: también es de identidad. Por eso, testimonios como este sirven para entender que el retiro no termina en la última camiseta colgada, sino que puede ser el inicio de una etapa compleja que exige acompañamiento profesional, redes de apoyo y una cultura deportiva menos machista y más humana.

La importancia de esta confesión va más allá del caso individual. En un entorno donde todavía pesa la idea de que el deportista debe ser fuerte todo el tiempo, hablar de depresión sigue siendo un acto incómodo pero necesario. El fútbol colombiano, que tantas veces celebra la resiliencia en la cancha, tiene pendiente asumir con seriedad lo que pasa cuando se apagan los reflectores. Si algo deja claro esta historia es que la salud mental no puede seguir siendo un asunto secundario: también decide carreras, silencios y vidas después del deporte.

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