Estados Unidos

Abogados y contadores usan IA en secreto: el riesgo crece donde más importa la precisión

Hace 1 hora

Un tercio de abogados y contadores ya usa IA sin autorización de sus firmas, una práctica que se extiende en silencio en sectores donde un error cuesta caro. Según informó infobae estados unidos, el fenómeno abre un frente legal, ético y de seguridad difícil de contener.

Un tercio de los abogados y contadores está recurriendo a sistemas de inteligencia artificial sin el visto bueno de sus firmas, una señal de hasta qué punto la tecnología se metió en profesiones donde la precisión no es un lujo, sino una obligación. Según informó infobae estados unidos, el uso no autorizado de estas herramientas ya dejó de ser una rareza y se convirtió en una práctica extendida, con un costo potencial alto: si la IA falla, el responsable no es el software, sino el profesional que firmó el trabajo.

La advertencia es seria porque el problema no se limita a la productividad. En despachos legales y áreas contables, un texto mal interpretado, una cifra mal procesada o una referencia inventada puede derivar en demandas, sanciones disciplinarias, pérdida de clientes o daños reputacionales difíciles de reparar. La inteligencia artificial puede acelerar borradores, resumir documentos o automatizar tareas repetitivas, pero también puede introducir errores invisibles a primera vista: datos imprecisos, citas inexistentes, cálculos incompletos o recomendaciones que suenan convincentes pero no resisten una revisión rigurosa. En ese escenario, el supuesto ahorro de tiempo puede convertirse en una responsabilidad personal mucho más costosa.

Lo más preocupante es que este uso clandestino revela una tensión ya instalada en el mercado laboral: las firmas quieren controlar riesgos, confidencialidad y cumplimiento normativo, pero muchos profesionales sienten presión por producir más rápido y con menos recursos. Esa brecha empuja a abogados y contadores a probar herramientas por su cuenta, muchas veces sin protocolos claros sobre protección de datos, trazabilidad de las respuestas o verificación humana. En Estados Unidos, donde las demandas por negligencia y la vigilancia regulatoria pesan sobre estos sectores, y en Colombia, donde la digitalización avanza a ritmos desiguales, el mismo dilema empieza a tomar forma: modernizarse sin poner en juego información sensible ni trasladar la responsabilidad a usuarios individuales que operan en zonas grises.

El fondo del asunto no es si la IA llegó o no llegó a estas profesiones, porque ya lo hizo. La pregunta real es quién asume el costo de su uso cuando algo sale mal y qué tan preparadas están las firmas para poner límites sin quedar rezagadas frente a competidores más rápidos. La respuesta, por ahora, parece incómoda: mientras la adopción crece por debajo de la mesa, la carga legal y ética sigue cayendo sobre el profesional que decide usarla. Y en un sector donde la confianza es la moneda principal, ese equilibrio puede romperse más rápido de lo que muchos creen.

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