Senado de EE.UU. endurece su ofensiva contra autos chinos y abre un frente con Mercedes-Benz
Imagen: infobae estados unidos
Una comisión del Senado de Estados Unidos avanzó un proyecto para endurecer el cerco a los vehículos de origen chino y a cualquier operación con vínculos considerados sensibles con ese país. Ted Cruz dijo que la iniciativa incluso podría afectar a Mercedes-Benz si supera cierto nivel de participación china.
Una comisión del Senado de Estados Unidos dio un paso más en la ofensiva bipartidista contra la influencia automotriz china, al aprobar un proyecto de ley que busca restringir la operación de vehículos y empresas vinculadas con Beijing en el mercado estadounidense. El movimiento no es menor: en un momento de tensión comercial y tecnológica entre Washington y China, el Congreso está colocando la industria automotriz en el centro de la discusión sobre seguridad nacional, dependencia industrial y competencia estratégica.
Según informó infobae estados unidos, el senador republicano Ted Cruz, que encabeza la comisión, sostuvo que la iniciativa incluye una disposición particularmente dura: impediría a Mercedes-Benz operar en Estados Unidos si más del 15% de su participación estuviera vinculada a entidades chinas. La sola referencia a una marca alemana de alcance global deja claro que el debate ya no se limita a autos fabricados en China, sino que apunta también a las cadenas de propiedad, inversión y control que cruzan fronteras y complican la distinción entre empresa extranjera y amenaza percibida por el gobierno estadounidense.
El trasfondo es político y económico a la vez. En Washington crece la preocupación por el avance de fabricantes chinos de vehículos eléctricos, la transferencia tecnológica y el acceso a datos sensibles a través de sistemas conectados, una combinación que ha llevado a legisladores de ambos partidos a respaldar medidas más agresivas. Para la Casa Blanca y el Congreso, el asunto no es solo comercial: también toca una fibra sensible en materia de ciberseguridad, infraestructura crítica y protección de la cadena de suministro. Para la industria, en cambio, el riesgo es otro: que la regulación termine mezclando seguridad con proteccionismo y amplíe la incertidumbre para fabricantes, proveedores y consumidores que ya enfrentan precios altos y una transición eléctrica costosa.
La señal que deja esta votación es clara: Estados Unidos está dispuesto a elevar el costo político de cualquier presencia china en sectores que considera estratégicos, aunque eso implique ensanchar el conflicto con empresas multinacionales que operan bajo estructuras accionarias complejas. Si la propuesta avanza, el impacto podría sentirse más allá de los concesionarios: desde decisiones de inversión hasta la disponibilidad de modelos y tecnologías en el mercado estadounidense. En la práctica, Washington está diciendo que la competencia por el auto del futuro ya no se librará solo en las pistas de innovación, sino también en el terreno de la soberanía económica.




