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Sequía en Somalia deja a miles de familias sin camellos y agrava la crisis pastoral

Hace 6 horas

La sequía en Somalia ya no solo vacía los pozos: también está golpeando el principal activo de miles de familias pastoriles. Un estudio difundido por la BBC revela que casi la mitad de 6.000 hogares perdió camellos en un año, con una mortalidad del 73% en Sool.

La sequía en Somalia está dejando una herida profunda en la economía pastoral del país: según datos difundidos por la BBC, el 46% de unas 6.000 familias perdió camellos en los últimos 12 meses, una cifra que confirma que la crisis climática ya no se mide solo por la falta de lluvia, sino por la destrucción de los medios de vida. El golpe más duro se registró en Sool, una región del norte somalí, donde la mortalidad de estos animales alcanzó el 73%, un dato que habla de una emergencia silenciosa en comunidades que dependen casi por completo del ganado para sobrevivir.

El camello no es un animal cualquiera en Somalia. Es alimento, transporte, ahorro y, en muchos casos, la única reserva de valor que tienen las familias pastoriles para resistir los meses malos. Por eso la pérdida masiva de ejemplares no representa únicamente un daño productivo: significa menos leche para consumir o vender, menos ingresos para comprar comida y medicinas, y menos capacidad para reconstruir rebaños cuando llega una nueva temporada de lluvias. De acuerdo con la información difundida por la BBC, el impacto se concentra en hogares dispersos y vulnerables, que suelen estar lejos de la ayuda estatal y de los circuitos formales de asistencia humanitaria.

Lo ocurrido en Somalia vuelve a mostrar una tendencia que se repite en el Cuerno de África: la sequía ya no es un evento aislado, sino una presión estructural que empuja a miles de personas al borde del desplazamiento y la inseguridad alimentaria. Cuando el ganado muere, no solo cae la economía rural; también aumentan la dependencia de ayuda externa, las tensiones por el agua y los riesgos de migración hacia ciudades que ya están sobrecargadas. En un país donde la vida pastoral sigue siendo central, la pérdida de camellos funciona como un termómetro brutal de cuán vulnerable es la población frente a un clima cada vez más extremo.

El dato de Sool es especialmente inquietante porque anticipa lo que podría extenderse a otras zonas si la sequía persiste: más familias vendiendo lo poco que les queda, más niños expuestos a la desnutrición y más comunidades atrapadas entre la desertificación y la pobreza. En términos prácticos, la crisis no solo afecta a Somalia; también presiona la estabilidad de una región estratégica del continente africano, donde el deterioro ambiental se traduce rápidamente en crisis social y humanitaria.

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