Mundo

Saimaluu Tash, el santuario de 90 mil grabados que el turismo empieza a poner en riesgo

Hace 2 horas

En lo alto del Tian Shan, Saimaluu Tash guarda cerca de 90 mil grabados rupestres y huellas rituales de hace 4.000 años. El aislamiento que lo protegió durante siglos empieza a verse amenazado por el avance del turismo.

Saimaluu Tash, en el corazón montañoso de Kirguistán, es uno de esos lugares que parecen fuera del tiempo: una altiplanicie a más de 2.000 metros de altura donde sobreviven cerca de 90 mil petroglifos y vestigios rituales de hace unos 4.000 años. El sitio, enclavado en la cordillera del Tian Shan, solo puede visitarse durante unas seis semanas al año por las duras condiciones climáticas y el difícil acceso, una restricción que hasta ahora lo mantuvo casi intacto. Pero esa misma lejanía, que funcionó durante siglos como escudo natural, hoy enfrenta una amenaza menos visible y más persistente: la expansión del turismo en la región.

De acuerdo con la información difundida por Infobae Mundo, Saimaluu Tash concentra uno de los conjuntos de arte rupestre más extensos de Asia Central. Sus piedras grabadas no son simples dibujos aislados; forman un archivo arqueológico que ayuda a reconstruir prácticas religiosas, formas de vida y símbolos de comunidades que habitaron la zona en la Edad del Bronce. La cifra impresiona no solo por su magnitud, sino por la densidad histórica que encierra: miles de figuras talladas sobre roca en un paisaje severo, donde el clima y la altitud han sido aliados involuntarios de la conservación. Precisamente por eso, cualquier incremento de visitantes, infraestructura o circulación humana sin control puede alterar el entorno y acelerar el desgaste de un patrimonio extremadamente frágil.

Lo que ocurre con Saimaluu Tash no es un caso aislado. En varias regiones del mundo, sitios arqueológicos que sobrevivieron gracias a su inaccesibilidad ahora quedan expuestos a nuevas presiones por la apertura turística, la búsqueda de rutas “auténticas” y el interés comercial en destinos remotos. En Asia Central, además, este tipo de lugares tiene un valor doble: cultural y geopolítico, porque ayudan a narrar una historia que suele quedar fuera de los grandes circuitos patrimoniales dominados por Europa y Medio Oriente. Para Kirguistán, proteger Saimaluu Tash no solo significa conservar piedras antiguas; también implica decidir qué modelo de desarrollo quiere impulsar en zonas rurales y de montaña, donde el turismo puede traer ingresos, pero también una pérdida irreversible si llega antes que la protección.

La pregunta de fondo es incómoda pero necesaria: ¿cómo abrir un sitio extraordinario al mundo sin destruir precisamente aquello que lo hace valioso? Saimaluu Tash ofrece una respuesta parcial y dura a la vez. Su aislamiento lo salvó durante milenios, pero ya no basta con confiar en la geografía. Si las autoridades no establecen límites claros, monitoreo y una estrategia de conservación seria, el mismo interés que hoy atrae miradas internacionales podría terminar borrando parte de la memoria que las rocas han guardado desde hace cuatro milenios.

Noticias relacionadas