Colombia

Valerie Domínguez abre el debate sobre la depresión posparto y el silencio que la rodea

Hace 3 horas

Valerie Domínguez contó que atravesó dos años de depresión posparto sin identificar lo que le pasaba, un testimonio que pone en el centro la salud mental materna. La actriz dijo que el regreso al trabajo tras el nacimiento de su hijo Thiago agravó un malestar que no fue diagnosticado a tiempo.

La actriz y exreina Valerie Domínguez puso sobre la mesa un problema que muchas madres viven en silencio: la depresión posparto. En un video difundido en sus redes sociales, contó que pasó dos años sin entender lo que le ocurría después del nacimiento de su hijo Thiago, hasta el punto de no reconocerse frente al espejo. Su relato no solo expone una experiencia personal dura, sino también una falla frecuente en el entorno familiar, médico y laboral: la dificultad para identificar a tiempo un trastorno que puede confundirse con cansancio, estrés o simple adaptación a la maternidad.

Según relató en la pieza compartida por la actriz, el regreso al trabajo después del parto fue un detonante importante. Domínguez explicó que la presión de retomar sus actividades, sumada a las exigencias propias del posparto, terminó por agravar un cuadro que nunca recibió un diagnóstico claro en sus primeras etapas. Ese detalle es clave: muchas mujeres normalizan síntomas como ansiedad, irritabilidad, tristeza persistente, desconexión emocional o cambios drásticos en la percepción de sí mismas, y terminan viviendo en automático mientras sostienen el hogar, el cuidado del bebé y la vida profesional.

Lo más inquietante del caso es precisamente el tiempo. Dos años es un periodo demasiado largo para atravesar un trastorno de salud mental sin tratamiento adecuado, y eso abre una conversación incómoda pero necesaria sobre lo que suele pasar alrededor de la maternidad en América Latina: se exige fortaleza, se idealiza el posparto y se minimiza el impacto físico y emocional que implica parir y criar. En Colombia, donde todavía persisten barreras para acceder a atención psicológica o psiquiátrica oportuna, historias como la de Domínguez ayudan a visibilizar que la depresión posparto no es un asunto menor ni una “etapa” que se supera con voluntad. Es una condición real, con efectos sobre la madre, el vínculo con el bebé y la dinámica familiar.

El valor de su testimonio va más allá del mundo del entretenimiento. Cuando una figura pública habla sin maquillaje de su vulnerabilidad, empuja una conversación que muchas mujeres no se atreven a iniciar por miedo al juicio o a ser vistas como “malas madres”. Y ahí está la importancia de lo que reveló Valerie Domínguez: ponerle nombre a lo que duele puede ser el primer paso para pedir ayuda, romper el aislamiento y recordar que la maternidad no debería vivirse en silencio ni a costa de la salud mental.

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