Cárdenas reabre la pelea fiscal con la venta de ISA como salida a la deuda

Imagen: infobae colombia
Mauricio Cárdenas puso sobre la mesa la venta de la participación de Ecopetrol en ISA como salida a la presión fiscal, en medio del debate por el Presupuesto de 2027. La propuesta reabre una discusión de fondo: qué activos puede sacrificar el Estado para evitar más deuda.
La propuesta de Mauricio Cárdenas de vender la participación de Ecopetrol en ISA aterrizó en el centro del debate fiscal colombiano con una carga política evidente: para el exministro, el país necesita dejar de aplazar decisiones duras y acudir a activos estratégicos para conseguir caja, bajar endeudamiento y frenar lo que considera una trayectoria insostenible del gasto público. En medio de la discusión del Presupuesto General de la Nación para 2027, Cárdenas calificó el monto aprobado de $635 billones como un presupuesto excesivo y advirtió que un techo de ese tamaño puede terminar presionando el déficit, la deuda, las tasas de interés y hasta el comportamiento del dólar, según recogió Blu Radio.
El punto más polémico de su planteamiento es la venta de ISA. Cárdenas sostuvo que la compañía debería volver a un esquema de independencia corporativa, con una estructura de gobierno más separada de Ecopetrol y con participación del mercado. En su lectura, la petrolera estatal debería desprenderse de ese activo y permitir que la propiedad pase, al menos en parte, a inversionistas institucionales como los fondos de pensiones, que podrían convertirse en compradores naturales. La idea no es menor: ISA es uno de los activos más valiosos y estables del Estado colombiano, y cualquier discusión sobre su eventual venta toca de inmediato la frontera entre eficiencia financiera y pérdida de patrimonio público.
Detrás de la propuesta hay un diagnóstico más amplio: Cárdenas cree que Colombia enfrenta una crisis fiscal heredada y que el nuevo gobierno tendrá que aplicar medidas impopulares si quiere estabilizar las cuentas. Entre ellas mencionó congelar salarios públicos, revisar el costo del ACPM, recortar cargos administrativos y eliminar fondos como Fonsecon. Su argumento, en esencia, es que el país no puede seguir financiando su funcionamiento con más deuda y más impuestos al mismo tiempo. Pero esa tesis también abre un dilema de fondo: vender activos para cubrir huecos fiscales puede dar alivio inmediato, aunque no resuelve el problema estructural del gasto ni garantiza que el Estado deje de depender de soluciones de corto plazo.
Más allá de la pelea política, el debate importa porque toca un nervio sensible para Colombia: cómo equilibrar disciplina fiscal, inversión pública y protección del patrimonio estatal sin trasladar el costo a los hogares. Si el Gobierno decide mantener un presupuesto alto sin ajustes de fondo, el margen de maniobra se reducirá y crecerá la presión por nuevas reformas tributarias o más endeudamiento. Si, en cambio, se abre la puerta a vender activos como ISA, el Ejecutivo tendría oxígeno financiero, pero también asumiría el costo político de explicar por qué el Estado vende una empresa estratégica en vez de corregir su estructura de gasto. Esa es, precisamente, la discusión que Cárdenas quiso encender: no solo cómo cuadrar las cuentas de hoy, sino qué está dispuesto a sacrificar el país para no hipotecar las de mañana.


