Ventura y Sebastián Fernández se abren paso en una Ronda de rejones de alto nivel
Diego Ventura y Sebastián Fernández salieron a hombros en la Corrida Rondeña de rejones, marcada por la emoción, el homenaje a Álvaro Domecq y una tarde en la que también destacó el portugués Duarte Fernandes.
Ronda vivió una mañana de rejones de alto voltaje en la segunda cita de la Feria de Pedro Romero, con Diego Ventura y Sebastián Fernández saliendo a hombros tras firmar las actuaciones más rotundas del festejo. La tradicional Corrida Rondeña dejó además una fuerte carga simbólica: el arranque estuvo dedicado a la memoria de Álvaro Domecq Romero, con un homenaje que unió a la Real Escuela Ecuestre de Jerez y a la Escuela de Equitación de la Real Maestranza de Ronda, en una postal que refuerza el peso histórico de este espectáculo en la ciudad malagueña.
La tarde tuvo matices distintos según toros y caballos, pero el balance general fue de notable contenido técnico y conexión con el público. Rui Fernandes quedó condicionado por un toro muy aplomado y, aunque encontró sus mejores momentos montando a Quito, perdió premio con el rejón final. Joao Ribeiro Telles, con un ejemplar de la ganadería de su familia, dejó una faena de mucha dimensión, sobre todo sobre Marfil, donde mostró verdad y temple, aunque también se le escapó el triunfo por la espada. Lea Vicens, por su parte, construyó una labor sólida y ascendente, especialmente con Jocker y Diluvio, para cortar una oreja tras una actuación que mantuvo la tensión en los tendidos.
Pero el nombre de la mañana fue Diego Ventura. El rejoneador andaluz volvió a demostrar por qué sigue marcando la referencia del toreo a caballo: precisión, riesgo medido y una capacidad casi quirúrgica para subir la intensidad de la faena. Con Quirico, Quitasueños y Bronce hiló una labor que fue creciendo hasta poner al público en pie, especialmente cuando ejecutó banderillas al quiebro y remató con cortas y rosas muy ligadas. El resultado, dos orejas, confirma que Ventura no solo compite, sino que sigue elevando el estándar de una modalidad en la que la técnica y el espectáculo van de la mano. En paralelo, Sebastián Fernández firmó una de esas actuaciones que consolidan carreras: el toro se rajó pronto, pero el rejoneador supo sostener la faena con decisión, piruetas y un cierre contundente que le valió las dos orejas.
La presencia del portugués Duarte Fernandes también dejó una lectura importante para el rejoneo actual: hay una nueva generación empujando con fuerza y pidiendo paso en plazas de relumbrón como Ronda. Su conexión con el tendido, el buen manejo de H Quiebro y la petición de la segunda oreja muestran que el escalafón se está moviendo. En una fiesta que vive entre la tradición y la necesidad de renovar públicos, estas corridas siguen funcionando como termómetro: no solo miden la jerarquía de los nombres consagrados, sino también la capacidad del toreo a caballo para conservar vigencia en un país donde cada vez pesan más el debate cultural, la sensibilidad animal y la necesidad de sostener un espectáculo que depende tanto de la liturgia como de la emoción.



