Fox celebra el giro a la derecha en América Latina y reabre la pelea por la pobreza

Imagen: El País
Vicente Fox celebró el giro de América Latina hacia la derecha más dura y lo leyó como un castigo a las izquierdas en la región. El expresidente mexicano también desató polémica al insistir en que la solución para la pobreza pasa por formación y no por transferencias monetarias.
Vicente Fox volvió a colocar su nombre en el centro de la polémica al aplaudir el corrimiento de varios gobiernos latinoamericanos hacia posiciones de derecha más radical y presentar ese giro como una respuesta al desgaste de las izquierdas en la región. El expresidente de México, una figura que desde hace años habla con crudeza y sin demasiados filtros, sostuvo que existe un cansancio social frente a los modelos progresistas y aprovechó para defender una idea que resume su visión económica y política: a la gente, dice, hay que darle preparación antes que dinero. Esa formulación, tan provocadora como reveladora, no solo busca marcar distancia con las políticas sociales de transferencia directa, sino también reinstalar una vieja discusión en América Latina sobre el papel del Estado, la pobreza y la movilidad social.
Según informó El País, Fox celebró el avance de opciones conservadoras o abiertamente ultraderechistas en distintos países de América Latina, interpretándolo como una señal de que una parte del electorado está harta de los gobiernos de izquierda y de sus promesas incumplidas. En su lectura, el voto de castigo no responde únicamente a la ideología, sino al desgaste provocado por la inseguridad, la inflación, el estancamiento económico y la sensación de que los programas sociales no han logrado transformar de fondo la vida cotidiana de millones de personas. Su comentario sobre no entregar dinero “para que esté de huevón” condensó su postura más conocida: la idea de que la asistencia estatal puede generar dependencia si no viene acompañada de educación, capacitación laboral y oportunidades reales de empleo.
El problema es que el debate que Fox reabre no es menor ni puramente retórico. En América Latina, donde la desigualdad sigue siendo una de las más altas del mundo, las transferencias monetarias han sido durante años una herramienta central para aliviar la pobreza extrema y amortiguar crisis familiares. Pero también es cierto que, por sí solas, no resuelven el problema estructural de la informalidad, la baja productividad y la escasa calidad educativa. Ahí está el corazón de la discusión: no se trata de elegir entre dinero o formación como si fueran caminos excluyentes, sino de preguntarse qué combinación de políticas puede sacar a millones de personas de la precariedad sin condenarlas a la dependencia ni a la exclusión. El viraje político que Fox celebra puede sonar atractivo para sectores frustrados con la izquierda, pero también abre la puerta a agendas que, en nombre del orden y la eficiencia, suelen recortar derechos y endurecer el trato hacia los más vulnerables.
La intervención del exmandatario mexicano también dice mucho sobre el momento político regional. En un continente atravesado por la fatiga económica, el descrédito institucional y la polarización, figuras como Fox funcionan como voceros de una narrativa que promete soluciones rápidas desde la mano dura, el mercado y el rechazo frontal al asistencialismo. Pero la experiencia latinoamericana demuestra que las fórmulas simples rara vez alcanzan. La pobreza no se corrige solo con discursos de superación individual ni con cheques de emergencia; exige escuelas que funcionen, empleos formales, salud pública, infraestructura y Estado presente. En ese terreno, más que celebrar el péndulo ideológico, lo urgente es discutir qué políticas sí están cambiando la vida de la gente y cuáles solo sirven para ganar elecciones.




