Taxista en Cartagena, captado robando a una turista y con multas por $4 millones
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Una cámara de seguridad captó a un taxista en el Centro Histórico de Cartagena cuando se acercó a dos turistas y, según la denuncia, tomó el celular de una de ellas. El caso reabre el debate sobre la seguridad de visitantes y el control a conductores con historial de sanciones.
Un taxista de Cartagena quedó en el centro de la polémica después de ser grabado por una cámara de seguridad en el momento en que, según la denuncia, habría robado el celular de una turista en pleno Centro Histórico. El episodio, ocurrido a la vista de peatones y en una de las zonas más visitadas de la ciudad, vuelve a poner bajo la lupa la seguridad de los viajeros y la conducta de algunos conductores que operan en escenarios turísticos donde la confianza debería ser la regla, no la excepción.
De acuerdo con la información conocida por El Tiempo (Colombia), la secuencia quedó registrada en video cuando el conductor descendió de su vehículo y se acercó a dos mujeres. En las imágenes, según la versión difundida, se observa el instante en que el taxista aprovecha la cercanía para tomar el teléfono móvil de una de ellas. El hecho no solo generó indignación por tratarse de un hurto presuntamente cometido en una zona emblemática de Cartagena, sino también por el contexto en el que aparece el vehículo involucrado: el carro tendría acumuladas multas por más de 4 millones de pesos, un dato que agrava la percepción de impunidad alrededor del transporte informal o mal controlado.
Más allá del caso puntual, este episodio expone una tensión conocida en ciudades turísticas como Cartagena: la mezcla entre alta afluencia de visitantes, desorden en la movilidad y escaso control efectivo sobre algunos vehículos de servicio público. Cuando un conductor con un historial de sanciones sigue circulando y termina señalado en un robo grabado en cámara, el problema deja de ser individual y se convierte en una falla del sistema. Para el turista, el mensaje es incómodo pero claro: incluso en áreas patrimoniales y vigiladas, la vulnerabilidad persiste. Para la ciudad, el costo es mayor, porque cada incidente de este tipo golpea la confianza en el destino, afecta la reputación internacional y termina impactando la economía local que depende, en buena parte, del turismo.
El caso también debería empujar una respuesta más seria de las autoridades de tránsito y de policía, no solo frente al presunto responsable, sino frente al estado general del control sobre los taxis que operan en Cartagena. Las multas acumuladas, por sí solas, ya hablan de un sistema que no está corrigiendo a tiempo. Si a eso se suma una denuncia tan visible como un robo captado por cámaras, la discusión deja de ser sobre un celular y pasa a ser sobre la capacidad del Estado para proteger a quienes llegan a la ciudad y para poner orden entre quienes prestan un servicio público que exige transparencia, confianza y vigilancia permanente.


