Wall Street se desplomó y arrastró a Asia y Europa por inflación y tensión con Irán

Imagen: infobae mundo
Wall Street cerró con caídas superiores al 1% y arrastró a las bolsas de Asia y Europa en una jornada dominada por la venta de acciones tecnológicas. El golpe llegó en medio de más presión inflacionaria en Estados Unidos y de la tensión creciente entre Washington y Teherán.
Wall Street volvió a encender las alarmas este viernes con una caída superior al 1% en sus principales indicadores, en una rueda en la que la presión no se limitó a Nueva York: Asia y Europa terminaron siguiendo el mismo camino. La señal más clara del mercado fue la salida masiva de posiciones en el sector tecnológico, un segmento que suele amplificar tanto las expectativas de crecimiento como el nerviosismo cuando reaparecen dudas sobre tasas, inflación y riesgo geopolítico, según informó infobae mundo.
El golpe bursátil se produjo en una sesión en la que los inversionistas reaccionaron a la combinación de dos frentes que incomodan a los mercados por igual: por un lado, el repunte de la inflación en Estados Unidos, que vuelve a poner bajo la lupa la trayectoria de la política monetaria de la Reserva Federal; por el otro, la escalada de tensiones entre Washington y Teherán, un factor que no solo eleva la aversión al riesgo sino que también reaviva temores sobre energía, comercio y estabilidad regional. En ese contexto, los grandes índices estadounidenses retrocedieron con fuerza, y la aversión se contagió rápidamente a los principales parqués internacionales.
La lectura de fondo es bastante clara: cuando la inflación deja de ceder al ritmo esperado, el mercado descuenta que las tasas podrían permanecer altas por más tiempo, y eso golpea sobre todo a las compañías tecnológicas, cuyos valoraciones dependen más del crecimiento futuro que de beneficios inmediatos. Al mismo tiempo, una tensión militar o diplomática en Medio Oriente siempre opera como una chispa adicional sobre un mercado ya sensible, porque altera el precio del petróleo, presiona costos de transporte y alimenta una búsqueda de refugio en activos menos arriesgados. Para los hogares en Estados Unidos, esto no es un problema abstracto: si la inflación no afloja, el crédito sigue caro, el consumo pierde impulso y el empleo termina sintiendo el freno con mayor intensidad.
Lo que dejó esta jornada no fue solo una caída puntual, sino una advertencia sobre la fragilidad del entusiasmo bursátil. Los mercados globales siguen moviéndose al ritmo de dos variables que hoy pesan más que cualquier narrativa optimista: la pelea contra la inflación y el riesgo geopolítico. Cuando ambas se cruzan al mismo tiempo, el resultado suele ser el mismo en Nueva York, Londres, Fráncfort o Tokio: menos apetito por riesgo, más ventas y una sensación de que la calma en los mercados sigue siendo provisional.


