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Zidane salva el juego de Francia, pero no disimula su fastidio por el empate

Hace 2 horas

Francia dejó escapar una victoria que parecía controlada ante Italia y Zinedine Zidane no ocultó su frustración por el 1-1. El técnico rescató el funcionamiento del equipo, pero advirtió que la falta de pegada sigue siendo una alarma.

Francia volvió a mostrar solidez bajo la conducción de Zinedine Zidane, pero dejó escapar ante Italia un triunfo que habría reforzado su arranque en la Liga de las Naciones. El 1-1 no solo frenó la racha de dos victorias consecutivas, sino que expuso un problema que ya empieza a preocupar: el equipo produce, domina y genera, pero no termina de convertir esa superioridad en resultados contundentes.

Tras el partido, Zidane se mostró conforme con la respuesta de sus jugadores y con la manera en que ejecutaron el plan de juego, aunque dejó claro que el empate le dejó un sabor amargo. El seleccionador francés sostuvo que su equipo controló la posesión en la primera parte, pero sin la profundidad necesaria en los metros finales. Según explicó, en el descanso pidió aprovechar mejor los espacios pequeños y en la segunda mitad vio a Francia con más presencia ofensiva, aunque no con la precisión suficiente para cerrar el partido. También reconoció que el conjunto galo creó varias oportunidades claras y que Gianluigi Donnarumma fue decisivo con intervenciones de alto nivel.

Más allá del resultado puntual, el partido deja una lectura más amplia: Francia sigue siendo un equipo competitivo, pero aún no convierte su volumen de juego en una eficacia acorde con su talento. Zidane admitió que tres goles en tres encuentros no son una cifra ideal, aunque confía en que la puntería llegará con el tiempo. En una selección que vive bajo la exigencia permanente de pelear por títulos, ese margen de mejora importa porque estos tropiezos menores pueden pesar en el cierre de una fase o en la clasificación final. En torneos como la Liga de las Naciones, donde cada detalle puede marcar la diferencia, la falta de contundencia no es solo una estadística: es una advertencia.

El empate frente a Italia también funciona como recordatorio de que Francia no puede depender únicamente de su estructura o de su dominio territorial. Si quiere sostener su candidatura en esta competencia y llegar con impulso a los retos mayores, deberá afinar la última jugada, esa que convierte un partido correcto en uno ganado. Zidane, por ahora, parece más preocupado por corregir la eficacia que por el funcionamiento general; y en el fútbol de élite, esa diferencia suele ser la que separa a los equipos sólidos de los realmente temibles.

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