Camila Beltrán apuesta por Cali como base creativa de su nuevo cine
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Camila Beltrán, una de las voces más visibles del cine colombiano reciente, decidió hacer de Cali su base de trabajo para escribir y filmar sus próximos proyectos. La directora bogotana no solo avanza en su segundo largometraje: también prepara una historia marcada por el pulso deportivo y cultural de la capital vallecaucana.
Camila Beltrán, una de las directoras jóvenes más observadas del cine colombiano, tomó una decisión que dice mucho sobre el momento creativo que vive: se radicó en Cali para convertir la ciudad en el centro operativo de sus nuevos proyectos. La cineasta bogotana, según informó El Tiempo (Colombia), eligió la capital del Valle no como un destino ocasional de rodaje, sino como el lugar desde donde quiere pensar, escribir y producir su segundo largometraje, además de una historia inspirada en un deportista caleño.
La movida no es menor. En una industria audiovisual donde Bogotá suele concentrar buena parte de las decisiones, los recursos y las redes de producción, que una realizadora de su perfil apueste por Cali implica una lectura distinta del mapa cultural del país. Beltrán no solo cambia de ciudad; cambia de entorno creativo. Y eso puede influir en el tono, los personajes y la sensibilidad de sus próximas películas, especialmente en una urbe con una identidad marcada por la música, el deporte, la calle y una vida cultural que suele narrarse desde afuera, pero pocas veces desde dentro.
Ese traslado también habla de una tendencia más amplia: el cine colombiano está buscando salir de sus centros tradicionales para encontrar otras geografías, otras voces y otras formas de contar. Cali ha sido históricamente un territorio fértil para la cultura, pero no siempre ha tenido el mismo peso industrial que la capital del país. Por eso resulta significativo que una cineasta como Beltrán la elija como cuartel creativo. Su decisión puede terminar ampliando la visibilidad de historias locales que no suelen estar en el radar de las grandes apuestas del sector, y además puede fortalecer una red de trabajo más descentralizada, algo que el cine colombiano necesita si quiere dejar de depender de un solo epicentro.
Hay, además, una dimensión simbólica que no conviene perder de vista. Ubicar una historia sobre un deportista caleño en la ciudad donde esa identidad se vive con tanta intensidad permite pensar el relato desde la cercanía, no desde la observación distante. Esa diferencia suele notarse en pantalla: en los detalles, en los acentos, en la manera de construir el conflicto y en la relación con el territorio. Si Beltrán logra convertir esa apuesta en una obra sólida, Cali no solo será el escenario de sus proyectos, sino parte activa de su lenguaje cinematográfico. Y eso, para una ciudad que ha dado tantas historias al país, importa más de lo que parece.


