Vigilia en La Guaira revive el duelo por los terremotos que aún marcan a Venezuela
A 100 días de los terremotos que devastaron La Guaira, decenas de venezolanos hicieron una vigilia entre velas y fotografías para recordar a las víctimas y reclamar memoria para los desaparecidos. La tragedia sigue abierta: miles siguen sin vivienda y muchas labores de limpieza continúan pendientes.
A cien días del doble terremoto que sacudió Venezuela, decenas de familiares y sobrevivientes se reunieron en Caraballeda, estado La Guaira, para convertir el duelo en una vigilia cargada de rezos, velas y fotografías. El homenaje tuvo lugar junto a los restos de uno de los complejos de edificios más golpeados por la tragedia, en una escena que resumió lo que sigue siendo este desastre para miles de personas: una herida abierta que no termina de cerrar.
Entre los asistentes estaba Verónica Rondón, quien perdió a dos familiares y describió el estado emocional de la comunidad como una mezcla de tristeza, nostalgia y miedo. Su testimonio retrata el impacto humano de una catástrofe que no solo dejó muertos, sino también familias fracturadas, desaparecidos sin respuesta y una sensación de abandono que persiste. La ceremonia fue encabezada por el sacerdote Juan Ramón de Andrés, de la congregación de los legionarios de Cristo, quien pidió poner en manos de Dios a quienes murieron y a quienes aún son buscados por sus seres queridos. La jornada coincidió además con un festival de jazz promovido por la Unión Europea, un gesto cultural que buscó acompañar a una población que todavía trata de recuperar algo parecido a la normalidad.
La magnitud del desastre explica por qué el recuerdo sigue tan presente. Según el último balance divulgado por el Gobierno venezolano el 24 de agosto, los sismos dejaron al menos 6.509 muertos, además de 14.239 viviendas con daños moderados y 11.001 con afectaciones graves. Unas 18.000 personas quedaron sin techo. Pero el dato más sensible sigue siendo el de los desaparecidos: el Ejecutivo no ha actualizado esa cifra, mientras organizaciones ciudadanas como Desaparecidos Terremoto Venezuela aseguran que hay más de 29.000 personas sin ubicar. Ese vacío estadístico, en un país donde la desconfianza institucional ya es profunda, alimenta el dolor de las familias y prolonga la sensación de incertidumbre.
La vigilia en La Guaira también deja una lección incómoda sobre el tiempo en las tragedias latinoamericanas: tres meses después, la emergencia no desaparece cuando baja la cobertura mediática. Persisten los escombros, la reconstrucción incompleta y la pregunta por los desaparecidos, que es también una pregunta por el Estado y su capacidad de respuesta. Para los habitantes de Caraballeda y de otros sectores golpeados, seguir adelante no significa olvidar, sino convivir con una pérdida que todavía no encuentra cierre.




