Colombia

Colgas advierte brecha energética y propone llevar gas sin depender de grandes gasoductos

Hace 1 hora

Colgas inauguró en Tierralta una red de gas natural sintético para cerca de 1.000 usuarios y aprovechó el anuncio para lanzar una alerta: Colombia sigue arrastrando una brecha energética que deja por fuera a miles de familias. La compañía propone ampliar el abastecimiento sin depender de grandes gasoductos.

La inauguración de una red de gas natural sintético en Tierralta, Córdoba, terminó convertida en una advertencia sobre una de las fallas más persistentes del sistema energético colombiano: el acceso desigual y todavía insuficiente al gas para hogares y pequeños negocios. Colgas puso en marcha la solución para cerca de 1.000 usuarios, pero el mensaje de fondo fue más amplio: en buena parte del país, llevar energía confiable sigue siendo un problema de infraestructura, costos y cobertura que no se resuelve solo con grandes obras.

Según informó infobae colombia, la empresa usó este proyecto como plataforma para insistir en que Colombia necesita acelerar alternativas de distribución que no dependan exclusivamente de los grandes gasoductos. La apuesta, explicaron, es acercar el servicio a zonas donde la red tradicional no llega con facilidad o resulta demasiado costosa de extender. En la práctica, eso implica abrir espacio a modelos más flexibles de abastecimiento, pensados para territorios apartados y comunidades que históricamente han quedado al margen de la expansión energética.

El caso de Tierralta no es menor. En un país donde la discusión sobre energía suele concentrarse en precios, oferta de gas y seguridad del suministro para las ciudades, el problema de fondo está en la geografía: llevar servicios públicos a zonas dispersas sigue siendo una operación lenta y desigual. Por eso el anuncio de Colgas toca una fibra sensible. No se trata solo de una nueva red local, sino de una señal sobre cómo podría evolucionar la cobertura en regiones donde el Estado y las empresas han enfrentado barreras logísticas durante décadas. Si estas soluciones escalan, podrían reducir la dependencia de cilindros, leña o combustibles más caros y contaminantes, con efectos directos en la salud, el gasto de los hogares y la competitividad de pequeños comercios.

La alerta de la compañía también encaja en una discusión más amplia sobre el futuro energético colombiano. Mientras el país busca asegurar suministro, diversificar fuentes y cerrar brechas territoriales, el reto no es únicamente producir más energía, sino distribuirla mejor. Y ahí está la verdadera tensión: si el acceso sigue atado a infraestructura pesada y costosa, las regiones apartadas continuarán pagando el precio más alto de la desigualdad energética. El proyecto en Tierralta ofrece una pista, pero también deja una pregunta incómoda: ¿está Colombia lista para pensar la cobertura energética más allá del modelo tradicional de gasoductos?

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