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Brasil vota con la seguridad como eje y las favelas siguen bajo la misma violencia

Hace 1 hora
Brasil vota con la seguridad como eje y las favelas siguen bajo la misma violencia

Imagen: El País

Un año después de la operación policial más letal de Brasil, las favelas de Río siguen atrapadas entre el crimen y el abandono estatal. La campaña electoral ha convertido la seguridad en el gran campo de batalla entre Lula y Bolsonaro.

La violencia sigue marcando el pulso de las favelas de Río de Janeiro casi un año después de la operación policial más letal en la historia de Brasil. En esos barrios, donde el Estado aparece más como fuerza de choque que como garante de derechos, la elección presidencial ha puesto la seguridad pública en el centro de la discusión, con Luiz Inácio Lula da Silva y Jair Bolsonaro ofreciendo respuestas que reflejan dos visiones opuestas del país: una apuesta por recomponer la presencia estatal y otra por endurecer la mano contra el crimen.

Según informó El País, la operación de hace casi doce meses dejó una huella profunda, pero no produjo un cambio estructural en el territorio. Las dinámicas cotidianas en las comunidades siguen dominadas por el control armado, la precariedad y la desconfianza hacia la policía. En ese contexto, el debate electoral se ha cargado de urgencia política y de frustración social: para muchos habitantes de las favelas, la seguridad no es una consigna de campaña sino una condición básica para vivir, trabajar y moverse sin miedo. La frase que resume ese clima —“aquí mueren 100 traficantes y entran 200”— retrata una realidad cruda: la lógica de sustitución violenta sigue intacta, y las operaciones de impacto no han logrado desmantelar las redes criminales.

El contraste entre Lula y Bolsonaro no es menor. El primero intenta proyectar una agenda más institucional, con énfasis en políticas públicas y coordinación entre niveles de gobierno; el segundo capitaliza el temor al delito con un discurso de orden que conecta con una parte importante del electorado, especialmente en zonas urbanas golpeadas por homicidios, extorsión y tráfico de armas. Pero la experiencia brasileña muestra un límite evidente: cuando la seguridad se reduce a más patrullas, más operativos y más letalidad, el resultado suele ser transitorio y, en ocasiones, más violencia. En Río, la ausencia de políticas sociales sostenidas, de inteligencia policial y de control territorial efectivo ha permitido que los grupos armados se adapten con rapidez a cada golpe estatal.

Lo que ocurre en Brasil importa más allá de sus fronteras porque anticipa una tendencia regional: la seguridad se ha convertido en el lenguaje dominante de las campañas electorales en América Latina, y los votantes piden resultados inmediatos frente a un problema estructural que no se resuelve con eslóganes. En el caso brasileño, la elección no solo definirá quién gobierna, sino qué modelo de Estado se impondrá en barrios donde la ciudadanía hace tiempo dejó de esperar protección. Si las urnas premian la promesa de mano dura sin exigir eficacia, las favelas seguirán siendo el escenario donde el Estado llega tarde, mal y casi siempre armado.

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