De la Calle cuestiona cierre de la embajada en Cuba y lee la fractura opositora
Imagen: El Tiempo - Política
Humberto de la Calle respaldó la idea de recortar algunas embajadas, pero cuestionó que el gobierno de Gustavo Petro cierre la sede diplomática en Cuba. En una entrevista con EL TIEMPO, también analizó el nuevo mapa de la oposición y las tensiones internas de la derecha.
Humberto de la Calle puso sobre la mesa una crítica con matices al debate diplomático que abrió el Gobierno: considera razonable revisar y eliminar algunas embajadas, pero ve innecesario cerrar la representación de Colombia en Cuba. La postura del exministro, expuesta en Primer Plano de EL TIEMPO, no solo toca una decisión administrativa, sino que revela una discusión más amplia sobre prioridades, señales políticas y el costo de mover fichas en la relación exterior del país.
En la conversación, De la Calle también se refirió al papel de Gustavo Petro en la oposición y al reacomodo de fuerzas dentro del tablero político, particularmente en medio de las tensiones entre el uribismo y el llamado abelardismo. Su lectura apunta a que la política colombiana sigue atravesada por una fragmentación que dificulta construir bloques sólidos, mientras el Gobierno busca capitalizar el desgaste de sus adversarios y la oposición intenta encontrar un relato común. Más allá de los nombres propios, el trasfondo es claro: el país entra en una etapa en la que cada gesto diplomático y cada declaración pública se interpreta también como una jugada electoral.
La observación sobre Cuba no es menor. Durante años, esa relación ha sido un canal sensible para Colombia por razones de diálogo político, cooperación y manejo de escenarios regionales complejos. Por eso, cerrar la embajada no se lee únicamente como una medida de ahorro o eficiencia: también puede ser interpretado como un mensaje ideológico o una ruptura innecesaria en un vínculo que, aunque incómodo en ciertos momentos, ha tenido utilidad práctica para el Estado colombiano. En un país donde la política exterior suele quedar subordinada a pulsos internos, decisiones así terminan afectando tanto la credibilidad institucional como la capacidad de maniobra de la Cancillería.
Lo que deja esta intervención de De la Calle es una advertencia sobre el exceso de simbolismo en la toma de decisiones públicas. Si el Gobierno quiere mostrar austeridad o redefinir prioridades, tendrá que explicar con precisión qué gana y qué pierde al desmontar ciertas misiones diplomáticas. Y si la oposición pretende reconstruirse, no le bastará con criticar desde la distancia: deberá resolver sus fracturas internas y ofrecer una alternativa menos reactiva. En ambos frentes, la discusión ya no es solo sobre embajadas o alianzas, sino sobre qué tipo de Estado y de política exterior quiere construir Colombia en medio de la polarización.



