Combates en Linares dejan una casa destruida y alertan en Nariño
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Los combates entre grupos armados ilegales dejaron una vivienda destruida en Linares, Nariño, donde una adulta mayor encontró su casa sin techo tras regresar a la zona. La Defensoría del Pueblo alertó que la violencia se está agravando en el municipio y pidió atención urgente del Estado.
La guerra que se disputa en los montes de Nariño volvió a golpear a quien menos recursos tiene para resistirla. En Linares, una adulta mayor regresó a su vivienda y encontró una escena devastadora: la casa quedó sin techo luego de los combates entre grupos armados ilegales que se han intensificado en la zona, un episodio que expone de nuevo la fragilidad de la población civil atrapada entre disputas territoriales.
De acuerdo con lo informado por El Tiempo (Colombia), la afectada relató que los enfrentamientos no distinguieron entre objetivos militares y hogares campesinos, y que el daño material dejó la vivienda prácticamente inhabitable. La Defensoría del Pueblo advirtió sobre la gravedad de las confrontaciones en la región y elevó una alerta por el deterioro de la seguridad, en un territorio donde la presencia de actores armados ilegales sigue marcando la vida cotidiana, restringiendo la movilidad y sembrando miedo entre las familias.
El caso no es un hecho aislado, sino una radiografía de lo que ocurre en amplias zonas rurales de Nariño: comunidades expuestas, instituciones débiles y una población que termina pagando el costo humano de disputas que no controla. Cuando una casa queda destruida por el fuego cruzado, el problema no es solo una pérdida patrimonial; también se rompe la posibilidad de permanecer en el territorio, de cultivar, de vivir con tranquilidad y de sostener una vejez digna. Por eso la advertencia de la Defensoría no debe leerse como un trámite más, sino como una señal de que la violencia está escalando y de que la respuesta del Estado sigue llegando tarde o de forma insuficiente.
Lo ocurrido en Linares deja una pregunta incómoda sobre el control real del territorio y la protección efectiva de los civiles. Mientras las autoridades intentan contener la expansión de los grupos armados, son los habitantes rurales quienes siguen enfrentando el impacto más crudo: casas destruidas, miedo permanente y la sensación de que nadie responde a tiempo. En Nariño, la guerra continúa pasando factura en silencio, lejos de los grandes focos nacionales, pero con consecuencias muy concretas para quienes solo quieren volver a su hogar.




