Araújo atribuye la descertificación a la crisis heredada y dice que ya hay respuesta
Imagen: El Tiempo - Política
La embajadora de Colombia en Washington, María Consuelo Araújo, calificó la descertificación como una señal del deterioro acumulado en los últimos cuatro años. Aun así, sostuvo que el gobierno de Abelardo De La Espriella ya activó medidas para corregir el rumbo.
La descertificación de Colombia volvió a encender las alarmas en la relación con Washington, pero también abrió una disputa política sobre quién carga con el costo de ese revés. Desde la capital estadounidense, la embajadora María Consuelo Araújo sostuvo que la decisión refleja el desorden institucional acumulado durante los últimos cuatro años y no solo un tropiezo coyuntural. Su mensaje fue claro: el golpe diplomático no cayó en un vacío, sino sobre una política de drogas y seguridad que, según su lectura, venía debilitándose desde antes.
De acuerdo con lo informado por El Tiempo - Política, Araújo afirmó que el gobierno de Abelardo De La Espriella ya puso en marcha medidas para corregir la situación y recomponer la relación con Estados Unidos. Aunque no detalló públicamente cada una de esas acciones en el pronunciamiento citado, sí dejó ver que la prioridad inmediata del Ejecutivo es demostrar capacidad de respuesta frente a Washington, donde este tipo de decisiones no solo pesan en términos simbólicos, sino también en cooperación, confianza y acceso a recursos. En la práctica, la descertificación envía una señal política dura: Estados Unidos considera que Colombia no está cumpliendo a cabalidad con los compromisos esperados en la lucha antidrogas.
El trasfondo es más amplio que una sola declaración. La descertificación suele leerse en Bogotá como un termómetro de la relación bilateral y, al mismo tiempo, como una advertencia sobre el rumbo de la política interna. Durante años, Colombia ha sido uno de los principales aliados de Washington en la región en materia de seguridad y narcotráfico, pero ese estatus no la ha blindado frente a los reproches por resultados insuficientes, erraticidad institucional o falta de continuidad. Por eso, la frase de Araújo apunta directo al debate de fondo: si la crisis actual es heredada, la nueva administración tendrá que mostrar en meses lo que la anterior no logró en años. Y eso importa no solo para la diplomacia, sino para territorios golpeados por cultivos ilícitos, economías criminales y una seguridad todavía frágil.
Lo que viene ahora será una prueba de credibilidad. Si el gobierno de De La Espriella consigue convertir sus anuncios en hechos verificables, podría contener el daño y reconstruir parte del margen político con Washington. Pero si la respuesta se queda en mensajes de emergencia, la descertificación dejará de ser una foto incómoda para convertirse en un síntoma más profundo: el de un país que sigue atrapado entre la presión internacional y sus propias fallas estructurales.


