Política

Moreno y el reto incómodo de frenar el feminicidio antes de que sea tarde

Hace 7 horas

Alejandra Moreno lanza un libro que incomoda a las instituciones: denuncia que la respuesta estatal suele llegar tarde, cuando la violencia ya dejó cicatrices irreparables. Su apuesta es cambiar el enfoque hacia la prevención y la detección temprana de señales de riesgo.

Alejandra Moreno pone el dedo en una falla que atraviesa buena parte de la respuesta estatal frente a la violencia de género: el sistema suele reaccionar cuando el daño ya ocurrió, no cuando todavía era posible evitarlo. Su nuevo libro, construido a partir de historias reales, insiste en que la prevención no puede seguir siendo un eslogan institucional mientras las señales de alerta se acumulan y las mujeres quedan atrapadas en ciclos de agresión que muchas veces terminan en feminicidio.

Según informó El Tiempo - Política, la autora cuestiona que las instituciones solo actúen cuando el daño contra la mujer ya es visible, es decir, cuando la violencia dejó de ser una advertencia para convertirse en una tragedia consumada. Ese énfasis no es menor: en América Latina, y particularmente en Colombia, la ruta de atención suele activarse tarde, fragmentada y con vacíos entre comisarías de familia, Fiscalía, Policía y sistema judicial. Moreno pone en escena justamente ese punto ciego: las amenazas, el control coercitivo, el aislamiento, las denuncias previas y la escalada de agresiones que muchas veces se minimizan hasta que ya no hay margen de maniobra.

La importancia de esta discusión va más allá del libro. El debate sobre feminicidio no puede limitarse al castigo después del crimen, porque cuando la respuesta llega tarde, el Estado falla en su obligación más básica: proteger la vida. En Colombia, donde la violencia de pareja y la violencia intrafamiliar siguen siendo antesala de muchos asesinatos de mujeres, hablar de señales tempranas implica revisar protocolos, capacitación de funcionarios, articulación institucional y acceso real a medidas de protección. También exige un cambio cultural: dejar de ver los episodios aislados como “conflictos privados” y reconocer que el maltrato suele escalar de forma predecible.

Por eso el aporte del libro de Moreno tiene valor público. No se trata solo de narrar casos, sino de empujar una conversación incómoda para el poder: ¿qué tan temprano está mirando el Estado? ¿Cuántas alertas ignoradas preceden a cada feminicidio? Y, sobre todo, ¿por qué seguimos diseñando respuestas que operan mejor para sancionar que para prevenir? Si la política pública no aprende a leer el riesgo antes del desenlace fatal, la justicia seguirá llegando con retraso a una cita que ya no puede salvar a la víctima.

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