La Casa Blanca vuelve a cerrar el Air Force One a CNN en plena batalla judicial

Imagen: infobae
La Casa Blanca volvió a bloquear a CNN el acceso al Air Force One en pleno litigio por las credenciales de prensa. La cadena denuncia que la exclusión limita su cobertura y revela una represalia política del Gobierno de Trump.
La Casa Blanca volvió a golpear a CNN en el terreno más sensible para cualquier cobertura presidencial: el acceso directo al mandatario. Esta vez, la cadena denunció que sus reporteros fueron excluidos del turno correspondiente en el grupo de prensa que viaja a bordo del Air Force One durante el reciente desplazamiento de Donald Trump a Texas, una decisión que, según la empresa, le impidió cubrir por completo la agenda oficial del presidente. El episodio no es menor: ocurre mientras sigue abierta una batalla judicial sobre las credenciales de varios medios críticos y vuelve a poner en el centro una pregunta incómoda para Washington: hasta dónde puede llegar un gobierno cuando decide castigar a periodistas que le resultan molestos.
De acuerdo con lo reportado por infobae, el veto se produjo a pocos días de que venza la orden cautelar emitida por el juez federal Tim Kelly, quien la semana pasada dispuso de manera provisional la restitución de las acreditaciones de prensa que la Presidencia había suspendido a periodistas de CNN, MS NOW y Politico. La defensa de esos medios pidió extender esa protección antes del vencimiento del plazo y advirtió que, si no hay prórroga, acudirá de inmediato a la Corte de Apelaciones del Circuito de Washington, al considerar que la restricción vulnera la Primera Enmienda. La Casa Blanca, por su parte, sostiene que la orden judicial solo obliga a restaurar el acceso general al complejo presidencial y no a garantizar presencia en espacios restringidos del Despacho Oval ni en los vuelos oficiales del mandatario. En cambio, el abogado de CNN, Ted Boutrous, argumentó que la cadena lleva 45 años integrada al pool del avión presidencial y que esa cobertura es vital porque Trump suele usar esos trayectos para responder preguntas y marcar la agenda.
El fondo del caso es más grande que una disputa por asientos en un avión oficial. Lo que está en juego es el derecho de la prensa a seguir al poder donde toma decisiones y donde suele hablar sin filtros, algo especialmente relevante en una presidencia que ha hecho del enfrentamiento con los medios una herramienta política. Para CNN y los otros medios involucrados, la exclusión no responde a necesidades de seguridad ni a criterios logísticos, sino a un mensaje disciplinario: si la cobertura incomoda, el acceso se castiga. Esa lectura se ve reforzada, según el equipo legal, por las recientes declaraciones de Trump a la revista Time, donde dijo desconocer los detalles de la orden judicial y volvió a acusar a los periodistas de formularle preguntas sesgadas y negativas sobre la economía y la guerra con Irán. En términos prácticos, el conflicto impacta en la calidad de la información que recibe el público estadounidense, porque reduce el escrutinio sobre un presidente que gobierna con alta exposición mediática pero creciente hostilidad hacia los medios críticos.
El caso también puede sentar un precedente incómodo para futuras administraciones, porque si se normaliza que el acceso a la cobertura presidencial dependa de la afinidad editorial, la frontera entre prensa y propaganda se vuelve mucho más delgada. Y eso importa más allá de CNN: cuando una Casa Blanca decide quién puede preguntar y quién no, no solo castiga a un medio; limita el derecho de los ciudadanos a conocer cómo se toman las decisiones en el centro del poder.




