Temblor en Cali reabre la alerta sobre la preparación sísmica en las ciudades
Imagen: El Tiempo - Política
Andrés Santamaría, director de Asocapitales, relató cómo vivió el fuerte sismo que sacudió a Cali y dejó por unos minutos a la ciudad en alerta. El episodio reabre la discusión sobre la preparación sísmica en una de las zonas urbanas más expuestas del país.
El fuerte movimiento sísmico que se sintió en Cali volvió a recordar una verdad incómoda para Colombia: la fragilidad de la vida urbana en un país atravesado por amenazas naturales que suelen quedar en segundo plano hasta que la tierra tiembla. Andrés Santamaría, director de Asocapitales, contó cómo vivió el momento en la capital del Valle del Cauca, una experiencia que, más allá del susto personal, deja sobre la mesa la urgencia de hablar con seriedad de prevención, protocolos y capacidad de respuesta en las ciudades.
Según informó El Tiempo - Política, Santamaría relató que el temblor lo sorprendió en medio de la rutina y lo obligó, como a miles de personas en Cali y otros puntos del suroccidente, a reaccionar en segundos ante una sacudida intensa. El dirigente describió la sensación de vulnerabilidad que produce un evento de este tipo y resumió el impacto humano de la emergencia en una idea simple pero potente: todo puede cambiar en un minuto. Ese tipo de testimonios, aunque personales, sirven para dimensionar el alcance real de un sismo que no solo altera la calma de una ciudad, sino que también pone a prueba la confianza de la ciudadanía en la preparación institucional.
Más allá del susto, el episodio vuelve a poner en el centro una discusión que en Colombia aparece y desaparece con cada temblor: ¿están listas las ciudades para responder a un sismo de mayor magnitud? Cali, por su ubicación y por las características de su desarrollo urbano, no puede darse el lujo de tratar estos eventos como simples sobresaltos pasajeros. La experiencia de Santamaría funciona como recordatorio de que la gestión del riesgo no es un asunto técnico reservado a especialistas, sino una necesidad concreta para millones de personas que dependen de edificaciones seguras, rutas de evacuación claras y autoridades con capacidad de coordinar en los primeros minutos de una emergencia. En un país sísmicamente activo, la diferencia entre el miedo y la tragedia suele estar en la preparación.
El testimonio también conecta con un problema más amplio: la tendencia a reaccionar solo después del susto. Cada temblor deja mensajes parecidos, pero con frecuencia las lecciones se diluyen cuando vuelve la normalidad. Por eso este episodio debe leerse no solo como una anécdota vivida por un funcionario, sino como una alerta para alcaldías, gobernaciones, empresas y ciudadanía. La verdadera prueba no es el instante en que tiembla, sino lo que cada ciudad ha hecho antes para evitar que un minuto de pánico se convierta en una catástrofe.
