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ONG pide que asesinato de mujer trans venezolana en Marbella sea tratado como violencia machista

Hace 24 minutos

Una ONG andaluza pidió que el asesinato de Franyel, mujer trans venezolana de 35 años, sea investigado como violencia machista. La denuncia apunta también a fallas del Estado español para reconocer legalmente a mujeres trans migrantes.

La Asociación Trans española de Andalucía-Sylvia Rivera (ATA) exigió que el asesinato de Franyel, una mujer trans venezolana de 35 años, ocurrido el domingo en Marbella, sea tratado institucionalmente como un caso de violencia machista. La organización sostiene que no se trata solo de un crimen cometido por su pareja, sino del desenlace de una cadena de agresiones y de una vulneración previa de derechos que, a su juicio, el Estado español no puede seguir ignorando. El reclamo pone presión sobre las autoridades judiciales y sobre los ministerios de Igualdad y Justicia para que el caso no quede atrapado en una lectura burocrática que, denuncian, borre la condición de mujer de la víctima.

Según informó EFE, la presidenta de ATA, Mar Cambrollé, argumentó que Franyel fue golpeada por dos frentes: la violencia de su pareja y la lentitud administrativa del gobierno español para habilitar de manera efectiva el cambio de sexo en la documentación de personas trans migrantes, pese a la aprobación de la Ley Trans hace más de tres años. La dirigencia de la ONG considera que esa demora no es un asunto menor de trámites, sino una falla estructural que deja a muchas mujeres trans expuestas a discriminación, desprotección y, en casos extremos, a la violencia letal. Por eso, la organización exige criterios claros que impidan que una discordancia registral excluya a una víctima de las protecciones previstas para la violencia de género.

Este caso abre una discusión incómoda pero necesaria en España: quién cuenta como mujer a ojos del Estado cuando ya es demasiado tarde. La controversia no solo interpela al sistema judicial, sino también a una institucionalidad que suele tardar más de lo debido en adaptar sus normas a las realidades de las personas trans migrantes. En la práctica, una identificación administrativa atrasada puede convertirse en una segunda forma de violencia, esta vez posterior a la muerte, al condicionar la manera en que se nombra el crimen y se reconoce a la víctima. Para organizaciones como ATA, eso no es un tecnicismo legal, sino una decisión política con consecuencias directas sobre el acceso a justicia y el mensaje que recibe el resto de la sociedad.

El caso de Franyel también recuerda que la violencia contra mujeres trans no ocurre en un vacío, sino en contextos donde confluyen dependencia afectiva, estigma, exclusión social y debilidad institucional. Si las autoridades españolas deciden no encuadrar este asesinato como violencia machista, el debate irá mucho más allá de un expediente judicial: tocará la credibilidad del sistema de protección de género y la promesa de igualdad real para todas las mujeres. ATA lo resumió con una idea contundente: no se puede construir una política de igualdad sobre la exclusión de quienes ya han sido invisibilizadas en vida y, ahora, corren el riesgo de serlo también después de muertas.

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