Brasil instalará puentes y pasos subterráneos para proteger fauna silvestre

Imagen: infobae mundo
Brasil activó un plan de mitigación vial para reducir la mortandad de fauna silvestre en uno de los tramos más peligrosos del país. La propuesta combina barreras laterales con siete puentes de cuerda y diez pasos subterráneos.
Brasil intenta corregir uno de los puntos más letales para la fauna silvestre con un diseño que mezcla infraestructura y ecología: siete puentes de cuerda, diez pasos subterráneos y barreras laterales para canalizar el movimiento de los animales lejos de la carretera. La iniciativa, elaborada por especialistas en ecología vial, busca reducir los choques que durante años han convertido este tramo en una trampa para especies locales, según informó infobae mundo.
El plan no se limita a poner cruces aislados, sino que responde a una lógica más amplia de manejo del paisaje. Las barreras laterales obligan a la fauna a utilizar corredores seguros, mientras que los pasos elevados y subterráneos permiten que distintas especies atraviesen sin exponerse al tráfico. En términos prácticos, esto puede significar menos atropellamientos, menos fragmentación de hábitats y una mejor conectividad entre poblaciones animales que hoy quedan divididas por la vía.
La medida importa porque en América Latina la expansión de carreteras suele avanzar más rápido que la protección de los ecosistemas. Cuando una ruta concentra muertes de fauna, el problema no es solo ambiental: también refleja un modelo de infraestructura que ignora el costo biológico de la movilidad humana. En Brasil, donde la presión sobre bosques, sabanas y corredores naturales es permanente, este tipo de soluciones se ha vuelto una necesidad y no un lujo. Si funciona, el proyecto puede servir de referencia para otros corredores viales de la región que atraviesan zonas sensibles y donde la fauna sigue pagando el precio del tránsito humano.
Más allá del caso puntual, la discusión abre una pregunta incómoda para gobiernos y concesionarios: cuánto cuesta realmente una carretera cuando se mide no solo en asfalto y tiempo de viaje, sino en biodiversidad perdida. La apuesta brasileña apunta a demostrar que hay margen para hacer infraestructura menos destructiva, pero también deja claro que la protección de la fauna necesita planificación desde el diseño y no parches cuando el daño ya está hecho.


