Cadavid pide bajar la pelea con el petrismo y alerta sobre el costo de la polarización
Imagen: El Tiempo - Política
Hernán Cadavid pidió bajar la temperatura en la relación entre el uribismo y el nuevo gobierno, al advertir que la confrontación solo favorece a Gustavo Petro y a Roy Barreras. El senador del Centro Democrático llamó a los sectores cercanos al petrismo a abandonar los ataques y abrir espacio para una relación política menos tensa.
La tensión entre el Centro Democrático y el gobierno entrante volvió a quedar al desnudo luego de que el senador Hernán Cadavid lanzara un llamado a desescalar el choque político. Para el congresista, la distancia que hoy separa al uribismo del nuevo poder no solo es innecesaria, sino funcional a quienes se benefician de mantener vivo el enfrentamiento: Gustavo Petro y Roy Barreras, según la lectura que expuso en medio de las nuevas fricciones entre ambos sectores.
Cadavid, una de las voces más visibles del uribismo en el Congreso, pidió a los sectores cercanos al gobierno electo que dejen de insistir en ataques contra su partido. Su mensaje no fue menor: en un momento en que la agenda pública gira en torno a la conformación del nuevo gabinete, las mayorías legislativas y la posibilidad de acuerdos mínimos, el senador busca frenar una escalada que podría cerrar aún más los canales de interlocución entre oposición y Ejecutivo. La advertencia, en el fondo, es política pura: cuando el diálogo se rompe desde el comienzo, el costo no lo paga solo la clase dirigente, sino la capacidad del Estado para negociar reformas y sostener gobernabilidad.
El llamado de Cadavid revela una realidad que suele repetirse en los cambios de ciclo en Colombia: mientras el discurso público se concentra en las diferencias ideológicas, las relaciones entre gobierno y oposición terminan definiendo el margen de maniobra del país. En este caso, el uribismo llega a la nueva etapa con una desconfianza acumulada frente al petrismo, alimentada por años de confrontación electoral y por la polarización que marcó la campaña. Pero también es claro que el nuevo gobierno, si quiere sacar adelante sus iniciativas, necesitará interlocutores en todos los flancos, incluso en el partido que más resistencias ha mostrado. Por eso el tono de Cadavid importa: no es solo una queja partidista, sino una señal de que el Centro Democrático no está dispuesto a aceptar un papel de enemigo útil en una narrativa donde la polarización puede consolidar liderazgos, pero deteriora la calidad del debate democrático.
Para la ciudadanía, este tipo de choques no es un asunto menor ni un pleito de élites. Cuando los partidos se encierran en la lógica del ataque permanente, las discusiones sobre empleo, seguridad, inflación, salud o educación quedan relegadas a un segundo plano. Y aunque el uribismo y el petrismo han construido buena parte de su fuerza política sobre la confrontación mutua, la etapa que comienza exige algo más que cálculo electoral: requiere capacidad de gobierno. La pregunta que queda abierta es si ambos bandos están dispuestos a bajar el volumen de la pelea o si, por el contrario, seguirán apostando a una confrontación que les sirve en las urnas, pero castiga a un país que necesita resultados y no solo trincheras.



