Política

De La Espriella promete censo nacional para rescatar escuelas abandonadas

Hace 7 horas

Abelardo De La Espriella anunció que impulsará un censo nacional para ubicar escuelas abandonadas y medir el deterioro de la infraestructura educativa. La apuesta, dijo, será recuperarlas con apoyo de gobiernos regionales, comunidades y sector privado.

Abelardo De La Espriella puso sobre la mesa una de las fallas más visibles y menos atendidas del sistema educativo: las escuelas abandonadas. El presidente electo anunció que promoverá un censo nacional para identificar cuántos planteles están en ruinas, cuáles siguen operando en condiciones precarias y dónde la infraestructura ya dejó de responder a las necesidades mínimas de los estudiantes. Su idea, según informó El Tiempo - Política, es convertir ese diagnóstico en el punto de partida para una recuperación que involucre a administraciones regionales, comunidades y al sector privado.

La propuesta no es menor, porque en Colombia la discusión sobre educación suele centrarse en cobertura, calidad docente o resultados académicos, pero muchas veces se deja de lado una realidad básica: hay niños y jóvenes estudiando en edificios deteriorados, con techos que se caen, salones inutilizables y sedes rurales que quedaron atrapadas en el abandono estatal. De acuerdo con lo planteado por De La Espriella, el censo permitiría ordenar la magnitud del problema y construir una ruta de intervención más clara, en lugar de seguir operando a ciegas con reparaciones aisladas y sin seguimiento. El enfoque, además, abre la puerta a un modelo de corresponsabilidad en el que no todo recaiga sobre el gobierno central.

Ese planteamiento tiene implicaciones políticas y presupuestales de fondo. Hacer un censo de esta naturaleza no solo serviría para localizar las escuelas más afectadas, sino también para jerarquizar prioridades, estimar costos y definir qué puede resolverse con recursos públicos y qué requeriría alianzas con empresas, fundaciones o juntas comunitarias. Pero la iniciativa también plantea preguntas incómodas: ¿cómo se garantizará transparencia en la selección de los casos?, ¿qué tanto poder real tendrán las regiones para ejecutar las obras?, ¿y cómo evitar que el anuncio termine convertido en una fotografía de voluntad política sin capacidad de ejecución? En un país donde la infraestructura educativa ha sido históricamente desigual entre zonas urbanas y rurales, la recuperación de escuelas abandonadas puede marcar la diferencia entre mantener a los estudiantes conectados con el sistema o empujarlos, una vez más, hacia la deserción.

Más allá del anuncio, el verdadero reto estará en pasar del diagnóstico a la obra. Colombia conoce bien los censos que describen problemas estructurales, pero rara vez se traducen en transformaciones visibles para la gente. Si la propuesta de De La Espriella consigue articular Estado, territorios y sector privado, podría abrir una ruta pragmática para rescatar sedes educativas en abandono. Si no, quedará como otro compromiso frente a una deuda vieja: la de garantizar que estudiar no dependa de la suerte de nacer en un municipio con mejores paredes, mejores techos y mejor presupuesto.

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