Abelardo De La Espriella encabezó el relevo de guardia en la Casa de Nariño
Imagen: El Tiempo - Política
El abogado y precandidato presidencial Abelardo De La Espriella encabezó el Relevo de Guardia en la Casa de Nariño, una ceremonia que no veía a un jefe de Estado presente desde 2019. El acto volvió a poner sobre la mesa el peso simbólico de la tradición militar en medio de la coyuntura política.
Abelardo De La Espriella encabezó este jueves el Relevo de Guardia en la Casa de Nariño, un acto protocolario cargado de simbolismo que no contaba con la presencia de un jefe de Estado desde 2019. La ceremonia, ejecutada por el Batallón Guardia Presidencial, volvió a poner en escena uno de los rituales más visibles del poder en Colombia, con un mensaje centrado en la disciplina, el honor y la memoria militar que rodea la sede presidencial.
Según informó El Tiempo - Política, el presidente resaltó precisamente esos valores durante el acto, subrayando la carga histórica de una ceremonia que suele pasar desapercibida para el gran público, pero que en realidad funciona como una representación del orden institucional y de la continuidad del Estado. No se trata solo de una guardia que cambia de posición: es un ejercicio de protocolo que busca proyectar autoridad, tradición y solemnidad frente a la ciudadanía y frente a la propia Fuerza Pública.
El dato político no es menor. Que un evento de esta naturaleza vuelva a concentrar atención después de varios años sin la presencia de un mandatario revela cómo las formas también comunican poder. En Colombia, donde la discusión pública suele estar marcada por la polarización, la seguridad y la relación entre civilidad y Fuerza Pública, este tipo de ceremonias adquiere una lectura adicional: sirven para medir la distancia entre la institución presidencial y la coyuntura política del momento. Además, cuando figuras con alto perfil político participan o encabezan actos de este tipo, el gesto inevitablemente se interpreta más allá del protocolo. En un país donde cada aparición pública puede leerse como señal de campaña, respaldo institucional o cálculo político, la escenografía importa tanto como el discurso.
Para la gente de a pie, el valor de estos actos no está en la pompa, sino en lo que revelan sobre cómo se construye la autoridad en Colombia. La Casa de Nariño no solo es la sede del Gobierno: también es un escenario donde se representa la idea de Estado. Por eso, cuando el relevo de guardia vuelve a instalarse en la agenda, el país no solo observa una ceremonia militar; también mira, en el fondo, qué tipo de poder se quiere proyectar y con qué símbolos se intenta sostenerlo.




