Alberto Lleras, el estadista que Colombia necesita volver a leer
Imagen: El Tiempo - Política
A 120 años de su nacimiento, Alberto Lleras vuelve a escena no como una figura de museo, sino como una referencia para entender el país que Colombia fue, y el que aún no termina de construir. Su legado combina periodismo, diplomacia y una idea de Estado que hoy parece cada vez más escasa.
Al cumplirse 120 años del natalicio de Alberto Lleras Camargo, Colombia tiene una oportunidad poco frecuente: mirar su historia política sin nostalgia vacía, pero con sentido de urgencia. Recordar a Lleras no es un ejercicio ceremonial. Es volver sobre la figura de un dirigente que entendió el poder como responsabilidad institucional, que hizo del periodismo una escuela de criterio y que vio en la política exterior una herramienta para defender intereses nacionales sin renunciar al diálogo. En tiempos de polarización, su trayectoria obliga a preguntar qué tanto de ese legado sigue vivo en la vida pública del país.
Lleras fue mucho más que un expresidente. Antes de llegar al Palacio de San Carlos y a la Casa de Nariño, construyó una carrera marcada por la palabra, el análisis y la visión de largo plazo. Como periodista, aprendió a leer la realidad con distancia crítica; como político, terminó siendo una de las voces más influyentes del siglo XX colombiano; y como internacionalista, entendió que Colombia no podía encerrarse en sus propios conflictos internos. Según el análisis publicado por El Tiempo - Política, esa combinación de oficios explica por qué su nombre sigue apareciendo cada vez que se habla de estadistas, una categoría que hoy escasea en América Latina y que en Colombia parece haber quedado relegada por liderazgos de corta duración y exceso de cálculo electoral.
Su importancia no radica solo en los cargos que ocupó, sino en la manera en que los ejerció. Lleras representó una visión del Estado en la que las instituciones debían estar por encima de los personalismos, una idea que hoy resulta especialmente pertinente cuando la discusión pública suele reducirse a la confrontación permanente y al desgaste de la confianza ciudadana. En un país donde la política muchas veces se ha confundido con la administración del conflicto, su figura recuerda que gobernar también implica construir reglas, tender puentes y sostener una idea de nación más allá del ciclo inmediato. Ese es, quizá, el punto central de su legado: no dejó solo decisiones, dejó una forma de entender el poder.
Por eso su aniversario no debería limitarse a una evocación académica. En un momento en que Colombia discute reformas, tensiones institucionales y el rumbo de su inserción internacional, revisar a Lleras ayuda a medir la distancia entre el ideal de estadista y la realidad del liderazgo contemporáneo. Su vida muestra que la política puede ser una tarea intelectual y moral al mismo tiempo, y que el país pierde mucho cuando confunde la visibilidad con la estatura pública. A 120 años de su nacimiento, Alberto Lleras Camargo sigue siendo menos una estatua que una pregunta incómoda: ¿está Colombia formando líderes para administrar coyunturas o para pensar el país que viene?




