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Cuba rompe su modelo: abre sectores clave al capital privado en giro histórico

Hace 2 horas

Cuba dio un giro económico sin precedentes: el gobierno de Manuel Marrero presentó 176 reformas para abrir sectores clave al capital privado y extranjero. La jugada busca oxígeno en medio de la crisis, pero también confirma el desgaste del modelo estatal.

Cuba movió una ficha histórica en medio de una economía asfixiada por la escasez, la falta de divisas y el endurecimiento del bloqueo de Estados Unidos: el gobierno de Manuel Marrero presentó 176 propuestas de reforma para abrir sectores estratégicos al capital privado y extranjero, entre ellos la agricultura, el turismo, el sistema bancario y el mercado cambiario. Si la Asamblea Nacional las aprueba, la isla dará un paso que durante décadas fue impensable dentro de su modelo económico centralizado.

El anuncio, según informó clarin colombia, no se limita a un ajuste técnico ni a un gesto para atraer inversionistas. En la práctica, plantea una reconfiguración profunda del andamiaje económico cubano, porque abre la puerta a una participación mayor del sector privado en áreas que hasta ahora habían estado blindadas por el control estatal o fuertemente condicionadas por él. La señal más clara es que La Habana reconoce, al menos en los hechos, que la estructura productiva actual ya no alcanza para sostener la oferta interna, generar ingresos en moneda fuerte ni responder a una crisis que se ha vuelto cotidiana para millones de cubanos.

El contexto explica por qué este viraje tiene peso político y social. Cuba carga desde hace años con una combinación explosiva: sanciones estadounidenses que restringen el acceso a financiamiento, importaciones y operaciones internacionales; un aparato estatal pesado y poco flexible; caída de la producción agrícola; deterioro del turismo tras los golpes de la pandemia y la recesión global; y una inflación que ha golpeado con dureza el bolsillo de la población. En ese escenario, abrir la banca y el mercado cambiario a inversión privada no es un movimiento menor: apunta a ordenar flujos de dinero, captar capital externo y aliviar uno de los cuellos de botella más sensibles de la vida diaria, el acceso a divisas y bienes básicos.

Pero la apuesta también tiene riesgos. Abrir más espacio al capital privado en una economía con reglas inestables, fuerte intervención del Estado y escasa transparencia puede mejorar algunos indicadores en el corto plazo, pero también ampliar desigualdades y dejar a buena parte de la población expuesta a una transición costosa. Para el cubano común, el verdadero juicio no estará en la retórica oficial sino en lo concreto: si bajan los precios de los alimentos, si mejora el transporte, si aparecen medicamentos, si vuelven los insumos al campo y si la moneda deja de ser un instrumento de supervivencia más que de intercambio. Al final, esta reforma no solo mide la voluntad del gobierno de cambiar; mide, sobre todo, hasta qué punto el modelo que sostuvo a Cuba durante décadas ya dejó de funcionar.

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