Empieza la mudanza en la Casa de Nariño: así se desarma el cierre del gobierno Petro
Imagen: El Tiempo - Política
En la Casa de Nariño empezó el desmontaje simbólico del gobierno Petro: fotografías reveladas por Caracol Radio muestran a funcionarios retirando cuadros de la oficina de Otty Patiño. El movimiento ocurre a dos semanas del relevo presidencial y anticipa la transición en el palacio presidencial.
La salida de Gustavo Petro entró en fase visible dentro de la Casa de Nariño. Fotografías reveladas por Caracol Radio muestran a funcionarios retirando cuadros de la oficina del consejero comisionado de paz, Otty Patiño, en una escena que va más allá de un simple ajuste logístico: es el primer gesto tangible de una mudanza política que ya empezó a tomar forma a dos semanas de la posesión de Abelardo De La Espriella.
Lo que muestran las imágenes, según la información conocida hasta ahora, es el desmonte de elementos decorativos y simbólicos en uno de los despachos más sensibles del gobierno saliente. Aunque no se ha detallado oficialmente quién ordenó la retirada ni cuál será el destino de esas piezas, la escena confirma que el proceso de entrega del poder comenzó a acelerarse dentro del principal centro de decisiones del país. En el lenguaje de la política, pocas cosas hablan tanto como una oficina vaciándose: cambia el nombre en la puerta, pero también cambia la correlación de fuerzas, las prioridades y el tono del Estado.
Este episodio importa porque la transición no es solo un trámite administrativo. La Casa de Nariño concentra el corazón del gobierno, y cada gesto allí tiene una lectura política inevitable. En el caso de Otty Patiño, una figura clave en la política de paz de Petro, el movimiento adquiere un peso adicional: representa el cierre de una etapa marcada por la apuesta de negociación con actores armados y por una visión de gobierno que hizo de la paz total uno de sus ejes narrativos. Que los cuadros empiecen a bajar con el reloj corriendo hacia el relevo presidencial habla de un país que ya se prepara para otra agenda, otra estética y, sobre todo, otras decisiones.
En Colombia, estos cambios suelen parecer menores hasta que se entienden en su verdadera dimensión: no solo se traspasa una silla presidencial, también se desmonta una arquitectura de poder que afecta ministerios, equipos técnicos, relaciones diplomáticas y expectativas ciudadanas. Para la gente de a pie, la transición importa porque determina si habrá continuidad o ruptura en temas que tocan la vida cotidiana, desde la seguridad hasta la implementación de acuerdos de paz y la relación entre el gobierno central y los territorios. Lo que hoy parece una simple mudanza de oficina es, en realidad, la antesala de un cambio de ciclo político que el país ya empieza a sentir dentro de Palacio.



