Colombia entra en cuenta regresiva por El Niño: siete capitales, en alerta roja
Imagen: El Tiempo - Política
Asocapitales lanzó una alerta de alto voltaje: Colombia tiene apenas 132 días para reforzar su respuesta frente al fenómeno de El Niño. Siete ciudades capitales ya están en nivel rojo de vulnerabilidad, según la clasificación del gremio.
Colombia entra en una ventana crítica de preparación: Asocapitales advirtió que al país le quedan 132 días para alistarse ante la llegada del fenómeno de El Niño, un evento que puede golpear con fuerza el abastecimiento de agua, la generación eléctrica y la estabilidad de varios servicios urbanos. El gremio de ciudades capitales, según informó El Tiempo - Política, clasificó a las 32 capitales del país según su nivel de vulnerabilidad y encontró que siete están en alerta roja, lo que las deja en el grupo más expuesto a los efectos de la sequía y el aumento de temperaturas.
La advertencia no es menor. Cuando una organización que agrupa a las capitales pone el foco en la vulnerabilidad, lo que está señalando es que el riesgo no se distribuye de manera uniforme: hay ciudades con mejores reservas hídricas, infraestructura más preparada y capacidad institucional para reaccionar, pero también hay otras donde cualquier reducción prolongada de lluvias puede traducirse rápidamente en racionamientos, presión sobre el sistema eléctrico y mayores costos para los hogares. Aunque el detalle de las siete capitales en rojo no fue precisado en la información base, el mensaje central sí es claro: el país todavía está a tiempo de actuar, pero el margen se está cerrando con rapidez.
El dato de los 132 días revela algo más que una cuenta regresiva meteorológica. En Colombia, el fenómeno de El Niño suele convertirse en un test de fondo para gobiernos locales, empresas de servicios públicos y autoridades ambientales, porque obliga a coordinar decisiones que normalmente se toman tarde o de manera fragmentada. Si una ciudad no ajusta a tiempo su consumo de agua, si el sistema de embalses entra en estrés o si no se activan campañas de ahorro desde ahora, la factura termina pagándola la gente de a pie: cortes, restricciones, tarifas más altas y más presión sobre la economía cotidiana. Por eso la clasificación de Asocapitales debe leerse no solo como una alarma técnica, sino como una advertencia política y social sobre la capacidad real del Estado para anticiparse a una crisis previsible.
La discusión de fondo es si Colombia aprovechará esta alerta para prevenir o si repetirá el patrón de reacción tardía que suele acompañar a las emergencias climáticas. El fenómeno de El Niño no sorprende; lo que sorprende, cada vez, es la fragilidad con la que muchas ciudades llegan al momento decisivo. En ese contexto, la diferencia entre prepararse o improvisar puede medirse en embalses vacíos, barrios sin agua y sistemas colapsados. Y en un país donde las capitales concentran población, actividad económica y demanda de servicios, lo que ocurra en estas 132 jornadas será determinante para saber si el Estado aprendió algo de las crisis anteriores o si vuelve a llegar tarde.



