Asocentro denuncia aumento de bicicoches en zonas restringidas del Centro de Barranquilla
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Asocentro volvió a encender las alarmas en el Centro de Barranquilla por el aumento de bicicoches en zonas donde su circulación está prohibida. El gremio advierte que el incumplimiento de las restricciones pone en riesgo la movilidad y la recuperación del Paseo Bolívar.
La Asociación del Centro de Barranquilla, Asocentro, advirtió sobre un incremento en la circulación de bicicoches en sectores del Centro donde ese tránsito no está permitido, una situación que, según el gremio, está debilitando las medidas adoptadas para ordenar la movilidad en el Paseo Bolívar. La preocupación no es menor: detrás de este reclamo hay un debate de fondo sobre control urbano, cumplimiento de normas y la capacidad real de la ciudad para hacer valer las reglas en uno de sus corredores más congestionados.
De acuerdo con lo expuesto por Asocentro y recogido por El Tiempo (Colombia), las restricciones a los bicicoches fueron concebidas para mejorar el tránsito, reducir desorden vial y facilitar una recuperación más efectiva del espacio público en el centro de la capital del Atlántico. Sin embargo, el gremio asegura que en la práctica esas limitaciones no se están cumpliendo con la firmeza necesaria, lo que termina por generar fricciones entre comerciantes, peatones, conductores y quienes dependen de este tipo de vehículos para su sustento diario. El problema, entonces, no es solo de circulación: es también de gobernabilidad urbana.
El caso del Paseo Bolívar refleja una tensión que se repite en varias ciudades colombianas: la distancia entre la norma y la calle. En teoría, las restricciones buscan ordenar el flujo y priorizar una movilidad más segura; en la realidad, la falta de control sostenido suele abrir la puerta a excepciones permanentes, especialmente cuando hay economías informales de por medio. Por eso este episodio importa más allá del centro barranquillero. Si la autoridad no logra hacer cumplir reglas básicas en un sector clave, el mensaje que recibe la ciudad es que las medidas pueden negociarse, evadirse o simplemente ignorarse. Y eso termina afectando a quienes caminan, trabajan y se mueven todos los días por un centro que necesita orden, pero también decisiones coherentes y vigilancia constante.
La discusión sobre los bicicoches también pone sobre la mesa un asunto sensible: cómo equilibrar la formalización de la movilidad con la realidad social de quienes viven del transporte informal. Barranquilla necesita un centro funcional, transitable y seguro, pero ese objetivo no se logrará solo con anuncios o restricciones en papel. Harán falta control, seguimiento y alternativas claras para que la regulación no se convierta en una norma más que se incumple a la vista de todos.



