Nueva EPS: las cuentas de 2025 podrían revelar la peor fase de su crisis
Imagen: El Tiempo - Política
La Nueva EPS vuelve a quedar en el centro de la discusión pública por sus cuentas pendientes y por el tamaño de la crisis que todavía no se ve completa. Andrés Forero advirtió que 2025 puede mostrar un panorama más grave de lo que hoy se conoce.
La advertencia llegó con tono de alarma política y sanitaria: todavía faltan por conocerse las cuentas de 2025 de la Nueva EPS, y ese año podría terminar siendo el más delicado de la entidad en toda su historia reciente. Así lo planteó el representante Andrés Forero, quien señaló que la situación financiera y administrativa de la principal aseguradora de salud del país puede ser incluso peor de lo que hoy dejan ver los reportes parciales. En un sistema ya tensionado por deudas, demoras y falta de claridad, el mensaje no es menor: lo que falta por revelar podría profundizar la crisis.
La preocupación de Forero no surge en el vacío. La Nueva EPS, por su peso en el sistema, concentra una parte decisiva de la atención médica de millones de afiliados y arrastra desde hace meses cuestionamientos por su manejo financiero, sus obligaciones con clínicas y hospitales, y la incertidumbre sobre la capacidad real para responder a la demanda de servicios. Cuando una entidad de ese tamaño acumula sombras sobre sus cifras, el efecto no se limita a los balances contables: termina golpeando la red de prestadores, la continuidad de tratamientos y, en últimas, la experiencia cotidiana de los pacientes que encuentran autorizaciones demoradas o barreras para acceder a consultas y procedimientos.
El punto de fondo es político y estructural. Si las cuentas de 2025 confirman que la Nueva EPS atravesó su año más crítico, el debate ya no será solo sobre una entidad específica, sino sobre la fragilidad del modelo de aseguramiento en salud y sobre la capacidad del Estado para intervenir a tiempo antes de que el deterioro se convierta en colapso operativo. En Colombia, la discusión sobre el sistema de salud suele moverse entre reformas, tutelas y alertas de los actores del sector, pero el impacto real siempre termina cayendo sobre el ciudadano común: el paciente que espera un medicamento, la familia que no consigue una cita especializada o el hospital que presta servicios sin recibir pagos oportunos. Por eso importa lo que Forero puso sobre la mesa: no se trata únicamente de una disputa política, sino de una radiografía de riesgo para uno de los pilares más sensibles del país.
Lo que ocurra con esas cuentas será clave para medir la profundidad del problema y para anticipar si vienen más intervenciones, más auditorías o incluso un deterioro mayor en la red de atención. En un sistema donde cada cifra atrasada puede traducirse en una barrera para atender a un enfermo, la transparencia contable deja de ser un asunto técnico y se convierte en una urgencia pública. Y esa urgencia, por ahora, apenas empieza a tomar forma.




