Cali entra en la pelea por la posesión presidencial y el Congreso tendrá la última palabra
Imagen: El Tiempo - Política
La decisión de Abelardo De La Espriella de posesionarse en Cali abre un nuevo pulso político sobre el acto de investidura. Ahora, Senado y Cámara deberán evaluar si respaldan el cambio de sede propuesto para la posesión del presidente electo.
La propuesta de trasladar a Cali el acto de posesión del presidente electo volvió a mover el tablero político nacional y dejó claro que la discusión ya no es solo protocolaria: ahora depende de una decisión formal del Senado y la Cámara. Según informó El Tiempo - Política, autoridades regionales y distintos sectores políticos respaldan la idea impulsada por Abelardo De La Espriella, una jugada que busca convertir la ceremonia en un gesto de apertura hacia las regiones y, al mismo tiempo, en una señal de respaldo político fuera de Bogotá.
De acuerdo con la información publicada, la nueva sede no quedará definida únicamente por voluntad del Gobierno o de quienes promueven el traslado. El trámite exige que ambas cámaras del Congreso den su aprobación a la propuesta, lo que abre una etapa de negociación en la que pesarán tanto los argumentos de seguridad y logística como el mensaje político que se quiere enviar. En la práctica, no se trata de un simple cambio de escenario: mover una posesión presidencial implica mover también el centro simbólico del poder, aunque sea por unas horas.
El respaldo de sectores regionales y políticos sugiere que la iniciativa encuentra eco en una parte del país que desde hace años reclama mayor visibilidad en las grandes decisiones nacionales. Cali, además, no es una ciudad cualquiera en ese relato: concentra tensiones sociales, capacidad empresarial, una fuerte tradición cívica y una carga política que la convierte en una plaza estratégica para cualquier demostración de gobernabilidad. Por eso esta propuesta importa más allá del acto ceremonial. Si prospera, puede leerse como un intento de descentralizar símbolos; si se frena, quedará en evidencia que incluso los gestos políticos más visibles siguen atrapados en las reglas y equilibrios del Congreso.
En el fondo, la discusión sobre la sede de la posesión también revela una disputa por la narrativa del nuevo mandato: Bogotá como centro tradicional del poder o Cali como escenario de una apertura regional que busca conectar con otros electores y otros territorios. Lo que decidan Senado y Cámara no solo resolverá un asunto logístico; también marcará el tono de una presidencia que, desde el primer día, quiere dejar claro dónde pretende apoyarse y a quién quiere hablarle primero.



