Berrocal se salvó por quinta vez del fuego: el incendio arrasó 33.000 hectáreas en Huelva
Imagen: El País
Berrocal, en Huelva, sobrevivió por quinta vez a un incendio que arrasó el 90% de sus 12.500 hectáreas de monte. Doce vecinos se ocultaron para defender el pueblo mientras el fuego quedaba a solo 50 metros de las casas.
Berrocal volvió a librarse por centímetros de ser devorado por las llamas. El último incendio forestal en este municipio de Huelva no solo ha dejado una cicatriz visible en el paisaje: según el último cálculo satelital, ha calcinado el 90% de sus 12.500 hectáreas de monte y ha extendido su huella a unas 33.000 hectáreas en toda la provincia. En el pueblo, la sensación es la de haber sobrevivido una vez más gracias a una mezcla de resistencia vecinal, improvisación y pura suerte.
La escena que relatan los habitantes resume la tensión de esas horas: doce vecinos se escondieron para quedarse cerca del casco urbano y defenderlo si las llamas avanzaban. El fuego llegó a situarse a apenas 50 metros de las viviendas, una distancia mínima que convierte cualquier viento en amenaza y cualquier decisión en una carrera contra el tiempo. No se trató solo de apagar un incendio; se trató de evitar que el monte, ya castigado por años de calor extremo y sequedad, se tragara también el núcleo habitado.
Lo ocurrido en Berrocal importa más allá de este municipio de poco más de un centenar de vecinos. En Andalucía y en buena parte del suroeste peninsular, los incendios ya no son episodios aislados sino parte de una nueva normalidad marcada por veranos más largos, vegetación más vulnerable y territorios rurales cada vez más despoblados. Cuando desaparecen habitantes, también faltan manos para limpiar cortafuegos, vigilar el monte y reaccionar con rapidez. La ecuación es conocida: menos población, más riesgo; menos prevención, incendios más voraces. Y cuando el fuego entra en un entorno así, el daño deja de medirse solo en hectáreas quemadas y pasa a medirse en miedo, desarraigo y pérdida de futuro.
Berrocal se ha salvado ya cinco veces de las llamas, un dato que debería leerse como advertencia, no como consuelo. Cada incendio deja el territorio más expuesto al siguiente: erosiona el suelo, debilita el ecosistema y convierte el paisaje en combustible seco. Lo que hoy aparece como una victoria local puede convertirse mañana en una derrota mayor si las administraciones no refuerzan la prevención, la gestión forestal y la protección de los pueblos pequeños. En esa frontera entre el monte y las casas, la supervivencia de Berrocal dice mucho de la fragilidad de la España rural frente a la emergencia climática.


