Bessent anticipa un barril a 40 dólares si termina el conflicto con Irán

Imagen: infobae estados unidos
Scott Bessent anticipó que el fin de la guerra con Irán podría empujar el petróleo hasta los 40 dólares por barril. La proyección abre interrogantes sobre inflación, energía y la presión fiscal en una economía todavía sensible al precio del crudo.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, lanzó una previsión que puede mover tanto a los mercados como a la política energética: el precio del petróleo caería hasta los 40 dólares por barril una vez que termine el conflicto con Irán, según informó infobae Estados Unidos. La lectura no es menor. Si ese escenario se materializa, el alivio para consumidores y empresas podría ser inmediato, pero también pondría bajo presión a productores, especialmente a los más expuestos a un crudo barato y volátil.
La declaración de Bessent llega en un momento en que el petróleo sigue siendo una variable sensible para la economía estadounidense y para buena parte del mundo. El precio del barril impacta directamente el costo del combustible, el transporte de mercancías y, en cadena, la inflación que termina golpeando el bolsillo de los hogares. De acuerdo con fuentes consultadas por infobae Estados Unidos, la expectativa del funcionario se basa en que el fin de la guerra reduciría la prima de riesgo que hoy sostiene los valores altos en el mercado energético. En términos simples: menos tensión geopolítica suele traducirse en menos nerviosismo financiero y, por tanto, en precios más bajos.
Pero la predicción también debe leerse con cautela. El mercado petrolero no se mueve solo por el fin o la continuidad de un conflicto; intervienen además la oferta de la OPEP, la producción de Estados Unidos, la demanda global y las decisiones de grandes operadores que reaccionan ante cualquier señal de inestabilidad. En otras palabras, un descenso hasta los 40 dólares no sería automático ni uniforme. Aun así, la proyección de Bessent revela algo importante: en Washington creen que una desescalada con Irán tendría efectos económicos más rápidos de lo que suele admitir la diplomacia. Para el consumidor común eso podría significar gasolina más barata; para los estados y empresas ligados al petróleo, menores ingresos y más presión sobre inversiones y empleo.
La advertencia, además, tiene un trasfondo político. En Estados Unidos, el precio de la energía suele convertirse en un termómetro del ánimo social y en un arma electoral. Un barril más barato puede ayudar a enfriar la inflación, pero también reordenar los incentivos de toda la industria energética. Si la guerra con Irán se cierra y el mercado se ajusta a la baja, el verdadero debate no será solo cuánto costará llenar el tanque, sino qué tipo de equilibrio económico y geopolítico quedará después de la crisis.

