Colombia

Bogotá se acerca a un cuello de botella eléctrico y el reloj ya corre hasta 2028

Hace 3 horas

Bogotá enfrenta un riesgo real de racionamiento eléctrico desde 2028 si no se levantan a tiempo nuevas líneas de transmisión, advirtió el Grupo Energía Bogotá. La alerta pone sobre la mesa una deuda de infraestructura que la capital ha venido acumulando por años.

Bogotá está entrando en una zona de riesgo que no admite más aplazamientos: si no se construyen nuevas líneas de transmisión eléctrica, la ciudad podría quedar expuesta a problemas de suministro desde 2028, según advirtió Juan Ricardo Ortega, directivo del Grupo Energía Bogotá. El aviso no es menor. En una capital que sigue creciendo en población, demanda industrial, comercio y servicios, cualquier cuello de botella en la red eléctrica termina golpeando primero a los hogares, luego a las empresas y, finalmente, a la competitividad de toda la región.

La alerta, divulgada por infobae Colombia, parte de una realidad incómoda: varios proyectos de transmisión llevan cerca de una década de retraso. Ese rezago, que en otros momentos pudo parecer un trámite técnico o una discusión entre entidades, hoy ya se traduce en un problema de seguridad energética. Ortega insistió en que la capital no tiene ya margen para seguir postergando decisiones, porque las obras de infraestructura eléctrica no se improvisan de un año para otro. Entre licencias, consultas, diseño, financiación y construcción, cada demora administrativa se convierte en un riesgo material para el abastecimiento futuro.

Lo que está en juego va mucho más allá de una discusión sectorial. Bogotá depende de una red robusta para sostener hospitales, transporte, sistemas de semaforización, telecomunicaciones, comercio y miles de pequeñas y medianas empresas que no pueden operar bajo incertidumbre. Si la transmisión no se expande al ritmo del crecimiento urbano, el problema no será solo de capacidad instalada, sino de estabilidad del sistema. Y en un país donde la energía todavía es una base frágil del desarrollo regional, una capital vulnerable envía una señal preocupante al resto de Colombia: la infraestructura crítica sigue caminando más lento que las necesidades reales de la población.

El antecedente más relevante aquí es que no se trata de un riesgo lejano ni abstracto, sino de una advertencia con fecha de vencimiento. Si las nuevas líneas no avanzan pronto, la ciudad podría llegar a 2028 con una red insuficiente para absorber la demanda proyectada. Esa es la clase de problema que casi siempre se detecta con años de anticipación, pero que termina estallando cuando ya no queda espacio para correcciones fáciles. En ese escenario, el costo no lo pagaría solo el gobierno o las empresas del sector: lo asumirían los ciudadanos, en forma de mayor vulnerabilidad, más incertidumbre y una factura más alta por la inacción acumulada.

Noticias relacionadas