Suárez responde a Uribe y pide bajar la tensión en medio de una nueva grieta uribista
Imagen: El Tiempo - Política
El estratega de Abelardo De La Espriella, Carlos Suárez, respondió a los señalamientos del expresidente Álvaro Uribe, quien lo vincula con ataques contra su entorno político. Su llamado a “pasar la página” no cierra la herida: revela una disputa que agita al uribismo en plena tensión interna.
Carlos Suárez, abogado y estratega de Abelardo De La Espriella, decidió salir al paso de los señalamientos que le hizo el expresidente Álvaro Uribe Vélez, en medio de una nueva fricción que expone las fisuras dentro del uribismo. Suárez, a quien Uribe atribuye vínculos con ataques dirigidos contra su círculo cercano y contra el Centro Democrático, optó por rebajar el tono y pidió dejar atrás la confrontación, en un mensaje que busca contener un choque político que ya alcanzó la esfera pública.
Según informó El Tiempo - Política, el pronunciamiento de Suárez llega después de que el expresidente lo señalara como una figura detrás de una ofensiva contra aliados suyos y contra la colectividad que fundó y sigue marcando. Aunque el abogado no entró en una escalada de acusaciones, su respuesta implica un intento por desactivar el conflicto y evitar que la discusión se siga alimentando en redes, declaraciones y trinos cruzados. En la práctica, el episodio confirma que la disputa ya no se limita a comentarios de pasillo: está instalada en el centro del debate del uribismo.
Lo que está en juego va más allá de un intercambio personal. Uribe sigue siendo el gran referente del Centro Democrático, pero su liderazgo convive desde hace años con tensiones por el control del relato, la estrategia electoral y la influencia sobre figuras que orbitan dentro y fuera del partido. Cuando un abogado y operador político como Suárez aparece en medio de estas tensiones, el mensaje de fondo es que las lealtades se están moviendo y que cada señalamiento puede convertirse en combustible para nuevas fracturas. En un escenario de alta polarización, estas riñas no solo afectan la imagen de los protagonistas: también impactan a una base política que suele alinearse alrededor de la disciplina interna y la confrontación con adversarios externos.
Por ahora, el llamado a “pasar la página” suena más a contención que a cierre real. En política colombiana, especialmente dentro del uribismo, los choques rara vez terminan con una frase conciliadora; suelen quedar abiertos, listos para reaparecer cuando se acerquen decisiones electorales o se muevan fichas clave. Y mientras el país sigue concentrado en la agenda de seguridad, economía y campaña, estas tensiones internas recuerdan que la derecha colombiana también libra su propia batalla por el poder y la narrativa.




